martes, 10 de septiembre de 2013

Feliz día del maestro: 11 de septiembre de 2013

¿Cuándo una elige ser maestra? De pequeña, yo ponía a mis muñecas en una fila y les daba clase frente a un pizarron verde que mi padre me había hecho. Clase, ¿de qué? Lo ignoro. Así que enseñar fue, en gran parte,  seguir jugando: Letras, adolescentes, niños, literatura, libros... Pero, ¿es que alguna vez elegí?, me pregunto entonces. ¿O habrá sido esto que se desenrolló como si fuera lo mismo que crecer, amar, parir, llorar, reír? No me imagino "siendo" otra cosa. Cada mañana, cuando me levanto a la madrugada, para viajar hasta la escuela, siento, básicamente, alegría. En mis más difíciles momentos, los adolescentes con quienes discuto y me peleo a menudo, supieron ampararme en un afecto silencioso, pero atento. De los cientos de chicos que pasaron por mis clases, he sacado algunos buenos lectores y un par de estudiantes de Letras; pero -seguro- cientos de seres humanos a los que les enseñé a escribir su nombre en el libro de su vida: elegir cada acto con honestidad, respetarse y respetar a los otros, disfrutar de lo que se nos cruza para ser vivido. Como pude, traté de estar cuando me necesitaron y, por sobre todas las cosas, hice lo mejor que sé hacer: enseñarles mi pasión por las palabras y los libros. Lo demás es solo el río de las historias que nos acerca y nos aleja con sus corrientes.

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