sábado, 28 de septiembre de 2013

Joyeux anniversaire, dit l'hirondelle

Querido curador:
Ando por estas tierras porque mi instinto me dijo que estaba por llegar la primavera -aunque parece que no me funciona bien la orientación climática ya que más que primavera esto es un otoño deslucido- y me contó una mujercita que hoy es su cumpleaños, así que aprovecho para hacerle llegar mis felicitaciones y un regalo que he dejado en su jardín y cuyo funcionamiento paso a explicarle.
Le he dejado un árbol frutal, un ciruelo para mayor datos. No, no salga a ver. No hay ninguno en medio de su jardín. Pero ahí está, bajo la tierra he dejado la semilla que le traje en mi pico porque, sepa, que un nuevo año de vida es un balance y una esperanza. Y como tal se festeja. Sigamos entonces, ahí, abajo de la tierra que he removido y aireado (muy bueno su compost: me he dado una panzada de lombrices.), deposité una semilla,  colorida como un zafiro. Solo deberá regarla día a día para que el árbol se abra paso en la corteza dura y dé sus hojas. Si lo piensa, le pido que trabaje. ¿Qué es lo bueno entonces? Que mi regalo, querido curador, es a futuro. Tendrá usted sombra, perfume cuando el árbol dé sus flores, y fruta fresca y jugosa en medio del verano. Sentirá una calma profunda cuando lo vea despuntar hoja a hoja, rama por rama, soportar las heladas y dar fuertes raíces. Sabrá que ha sido bueno apostar a la vida que sigue, que fructifica, que continúa abriéndose hacia el cielo porque eso es un festejo de cumpleaños. Así que ya que le obsequiaron  una lluvia privada, úsela para exploten los verdes, las aguas y los días. 
Con un amor verdadero y alado.
L'hirondelle

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