martes, 17 de septiembre de 2013

Trampa de liebres

Para atrapar el verano siga atentamente estas instrucciones:
Colóquese a la orilla de un lago patagónico y espere. Ya verá que el verano, por las tardes, baja a mojar sus pies en el agua herida del crepúsculo. Haga silencio. Que se oiga solo su respirar y el de quien la acompañe. Es imprescindible que sean dos, porque ningún verano se deja atrapar si uno va solo. Aguarde y, mientras tanto, mire los pinos azules como agujas hacia el cielo, las piedras redondas de la orilla, el color tembloroso de las aguas. Sienta el olor profundo de la tarde, el ruido de los peces que vuelan  en el líquido como si fueran pájaros, las aves que nadan en el aire. Mueva apenas la mano, tan despacio que parezca que todavía está quieta, y roce al otro con las yemas. Él volverá los ojos, la mirará con una luz límpida y exacta. Ese será el momento en que la trampa atrapará al verano. 


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