sábado, 14 de septiembre de 2013

Verde, azul y rojo

A esta hora de la mañana, cuando el común de los mortales duerme -como corresponde a un sábado gris, helado y desapacible-, nosotros ya tomamos tres tazas de café, hablamos de Rumble fish y él dijo que su infancia en Francia fue en una ciudad como la de Le ballon rouge -la de Lamorisse, porque la otra es una burda versión-. Entonces, yo recordé que mi madre nos llevaba los domingos a la cinemateca que estaba en el Museo de Bellas Artes a ver imposibles cortos animados rusos, húngaros, checos o polacos. Mis hermanos, varones indomables, corrían de acá para allá; pero yo, niña obediente y respetuosa, me sentaba derecha en mi silla con mi blusa blanca, mis medias tres cuartos, mis zapatos con botón y presilla y mi pollera escocesa; y veía horas de círculos y cuadrados que se dividían, mezclaban y volvían a crecer. Así que, prontamente, fui la única asistente a las funciones que se expandieron, a la velocidad de la luz, en el cine Cosmos 70 donde vi toda la filmografía de un polaco que hacía cine para niños, se llamaba Karel Kachina e hizo volar mi fantasía desbocada. Para esa época, quizá antes, vi Le ballon rouge y Crin-Blanc, y mi padre me trajo dos libros grandes, de tapas duras que contaban ambas historias con fotos de las películas.  Como tantas otras cosas, esos volúmenes se perdieron y, vaya a saber una, en las manos de qué niños están. Como fuere, hace unos años, visité a mi hermano y fuimos juntos a la Camargue y en Saintes-Maries-de-la-mer vimos muchos Crin Blanca corriendo sueltos por la desembocadura del Rhône en el mar. Y nos reímos juntos, de pura felicidad. Pienso que mi infancia no tuvo ningún momento de afecto maternal, pero estuvo llena de sutiles experiencias estéticas que suplieron lo que mi madre no me quiso dar. El arte - o la forma que ella tuvo de constituirla como sublimación de lo que no podía hacer por mí- fue la cuna en la que, con sabiduría infantil, me resguardé. Y ahora él dice que su infancia fue en una CiudadGloboRojo y, como si no alcanzara eso para morir indefectiblemente de amor, saca de su bolsillo tres gomas de pegar con brillantina que compró para mí: verde, azul...y rojo.

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