domingo, 6 de octubre de 2013

Diario de una mudanza (I): Desarmar y partir

Hay un mundo que se acaba: lento y plácido final de años incontables. Juntaré durante días mis cosas en cajas, valijas, canastos; y arriaré mis recuerdos encerrados entre esas paredes que cobijaron infinitos momentos: aquellos viajes, las páginas escritas, los libros que fundaron mi memoria, los amores que se llevó la muerte. Iré envolviendo en pañuelos y papeles la loza, los cubiertos; y un día de verano echaré llave y caminaré ese pasillo hacia otro mundo que se inaugura: lento y plácido comienzo de días luminosos. El camión andará por las calles circulares de mi barrio y yo, con mis cosas, protegiéndolas para que nada las lastime en el traqueteo que marcan asfaltos y adoquines. Saldré después hacia avenidas que llevan hacia el sur suburbano, y cantarán los pájaros mi viaje: golondrinas azules, torcazas y calandrias hogareñas, colibríes tornasolados. Y llegaré a una casa de vidrios y de soles, de luces trasparentes y mañanas de lluvia. Y así, el corazón como una flor abierta, habré mudado mi vida lejos de Parque Chas, hacia otra vida.

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