lunes, 7 de octubre de 2013

Diario de una mudanza (II): Una llave y espero

Pongo la llave en la cerradura y espero. No abro aún. Pienso en todos los días en que he repetido este gesto: la llave, dos vueltas, el empujón para abrir y la entrada al patio. Pienso. Ahora estoy con la llave en el hueco y espero. Respiro profundo y espero. Miro la luz en el pasillo blanco que se va volviendo nocturnamente azul y espero. El mundo está construido sobre mapas que desconozco y no alcanzo siquiera a leer: prefiero que me lleven las mareas y bajamares adonde suba el sol.  Hay muchas formas de atravesar la realidad; la mejor es dejarme atravesar por ella: que me traspasen las penas, las nostalgias, cierta  melancolía y las sutiles alegrías de la felicidad. Espero los sueños y su tejido de hadas y sirenas como gotas sobre mis ojos. Sé que todo se está por hacer entre nosotros dos y ntonces doy vuelta con lentitud a la llave en el hueco: solo hay que comenzar.

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