domingo, 13 de octubre de 2013

Diario de una mudanza(VII): Un espacio en el placard

Estimados vestidos:
Es hora de que lo sepan. ¿Para qué seguir con esta incómoda circunstancia que solo los llena de arrugas y flores marchitas? Procederé a explicarles, breve y concisamente, la situación. Es bien simple: les tocó el costado izquierdo. En realidad, debo ser sincera y decir que lo elegí. Sí, como escuchan, fui yo. Cuando me dijeron qué lado prefería, dije el izquierdo. Pura elección ideológica quiero comunicarles. Él llenó el momento de pragmatismo: dado que duermo de ese lado también, es más práctico que el derecho que le correspondiera a él; ya que así podríamos acceder a nuestras cosas sin cruzarnos en encrucijadas matinales. Así quedó definida y zanjada la cuestión. A decir verdad, no me importaba demasiado el costado. Ya saben que tengo algunas dificultades con la lateralidad y que, para saber si es izquierda o derecha, debo pensar qué mano uso para escribir. Es más, yo propuse para mí un ropero en otro cuarto; pero me sacó carpiendo. Y tenía razón. A veces me paso de rosca con Annie, la huerfanita. Así que, en unos días, los voy a doblar con mucho cuidado y los descolgaré en su nueva residencia. ¿Se acuerdan cuando hace unos años les dije que ya no teníamos  alegría de vivir? Qué suerte que no me prestaron mucha atención y no dejaron que sus colores se apagaran ni que sus puntillas y presillas se aburrieran de estar en la percha. Hicieron bien, muy bien, en seguir brillantes y perfumados. Se los agradezco de corazón. Así que ahora prometo coser bolsitas de tilo y alcanfor para que la vida les enerve las hebras y los haga bailar toda la noche en el costado izquierdo del corazón...perdón, del ropero, quería decir.

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