martes, 15 de octubre de 2013

Silencio de madrugada

De todos los silencios prefiero el de la madrugada, cuando todos aun duermen. En ese único instante solo debo lidiar conmigo misma, y tengo todas las oportunidades en la palma de la mano. Después, el día va gastando sus fichas y hay que aguardar que vuelva a salir el sol para recomenzar. A esta hora nadie habla, ni siquiera yo. El lenguaje es solo una posibilidad entre muchas otras y los pájaros cantan sin que los asesine el sonido. Tu respiración es acompasada y profunda, y te digo que sigas durmiendo. En esta época del año, los días amanecen fosforescentes como piedras de carbunclo azul. La calle de tierra hacia la avenida ha de estar húmeda de rocío y el alcanfor llueve sus flores diminutas que abren el aire matinal. A esta hora no se dan explicaciones, no se encienden relatos. Solo hay silencio, interrumpido de vez en cuando por un sorbo de café.

1 comentario:

Chimista dijo...

Magnífica escritura. ¡Qué bien recoges esas sensaciones de la alta madrugada en la que a muchos nos gusta vivir! En esos momentos el mundo es tan distinto que, a veces, muy de tarde en tarde, todo parece tener sentido. Un saludo.

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