jueves, 21 de noviembre de 2013

Bonjour, Oliverio (III): de verbos y otras menudencias


Queridísimo Oliverio:
Hace días que quiero escribirle y las circunstancias de la vida laboral, sumadas al cansancio tan habitual de este último tramo del año, lo van posponiendo. Usted se estará preguntando sobre qué; y yo le contesto que sobre usted. No me malinterprete por favor: me refiero a escribir acerca de usted y de este asunto que hemos denominado "convivir". Sepa que era un evento al que mi humanidad -toda ella- no estaba acostumbrada y al que, sistemáticamente, me he dedicado a obviar por aquello de que yo me sé muy bien los verbos modelos "amar", "temer" y "partir". Sin embargo, quiero que sepa que mi competencia verbal, en este año, se ha extendido prodigiosamente -o no tan prodigioso porque ha tenido usted gran parte de la responsabilidad en que yo pueda conjugar varios más. He aprendido, a saber, los verbos "reír" (a carcajadas y más quedamente), "bailar", "rastrillar", "cocinar", "comer", "ser" (con todos sus atributos), "dormir", "abrazar", "permanecer", y sobre todo, si cabe la forma negativa, "no temer", "disfrutar" y "quedarse" (en su forma casi reflexiva). Quiero que sepa que, de todos ellos, el más importante ha sido, sin duda, "compartir"; y que deseo que la vida nos permita conjugar ese otro verbo que es "envejecer" juntos.
Suya
Marie-Louise (que sigue volando de acá para allá incluso cuando duerme en su abrazo)

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