viernes, 15 de noviembre de 2013

Diario de una mudanza (XII): Libros

Ahora que desnudo mis libros,  los saco del estante en que vivían y los pongo en pilas prolijas para anudarlos y llevarlos de viaje; ahora que los veo a todos, de golpe y en montones, y los recuerdo cuando fueron aquellas hojas vírgenes ante mis ojos que los fueron mirando con esa sed de leer que jamás se ha calmado, que nunca se desmaya y que solo se supo imposible en esos meses en que mi corazón estaba desgarrado por la muerte tan blanca, tan helada de aquel febrero ardido; ahora que los veo sé que han sido mi patria -todos y cada uno- que no tengo manera de entender que no sea en sus letras, que todos sus historias me completan, que las voy escribiendo cada día como si fueran filtros, como si fueran formas, como si fueran agua; ahora los coloco a mi lado y les digo que un viaje es, como dijo Kavafis -en ese bello tomo de color amarillo-, lo que se mira mientras se hace el camino. Y entonces ellos -que suman varios miles- abren sus ojos de papel para ver el paisaje y me leen el alma como otras tantas veces.

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