sábado, 2 de noviembre de 2013

Sábado

Al manantial profundo de la noche le ha brotado un sábado en su pura intemperie. Es un día perfecto, que no se esconde en sus propios reflejos y tiene tres o cuatro hojas rituales que se dejan andar: la radio, el amor, las compras, la cocina. Después traza su propio bosque de pasiones diminutas que crecen contra el cielo como si fueran puestos naturales donde el alma crece regocijada en sus silencios. Las manos alcanzan el ritmo del corazón y lo contienen en su espejismo de aguas lentas. De pronto, el sábado puede hacer tajos y en medio de la oscuridad candente sale una luz con forma de carcajadas encrespadas y abrazos: una sutil enredadera de hilitos de música que sostienen y que dicen que es sábado, que comienza la vida nuevamente, que estoy donde los sueños se hacen carne y cantan su melodía de campanas de vidrio. El pan se amasa en el pacto supremo de la alegría.

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