Sellar el mundo

En la intemperie de la tarde, hay un abismo oscuro en que la luz se hunde. Justo ahí nos asalta la sed y su consecuencia: un manantial de bocas en el banquete de la siesta. Después quedan absueltas las verdades que nadie necesita, y el corazón desnuda sus extensos vestíbulos y descorcha bombitas y guirnaldas. Hay esperanza hambrienta entre nosotros y, como no llegamos a saciarla a dentelladas,  nos guarecemos en una lluvia densa de caricias. Florecerán consuelos y unos brotes de risa en los canteros azules de los ojos, se enredarán los dedos y esta noche entrarás en mis sueños.

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