sábado, 2 de noviembre de 2013

Zona sur

Siempre viví en en la ciudad de Buenos Aires: Belgrano, Colegiales, Parque Chas, Chacarita, Palermo. Alguna vez anduve por Devoto, pero fue breve. Veredas, calles con autos, el hipermercado, los vecinos que se desconocen, los ascensores, las terrazas donde se imitan jardines en macetas, el colectivo, el subterráneo, las avenidas iluminadas hasta tarde, los comercios uno tras otro. Dice don Jorge Luis de su protagonista en "El Sur" que " caminaba despacio, aspirando con grave felicidad el olor del trébol." mientras iba, fatal, hacia el destino que lo aguardaba más allá de la avenida Rivadavia donde, según él, comenzaba el sur. Quizá sea real que haya un destino en el sur, tal vez las calles se vayan achatando en su deseo de desaparecer en la llanura y el olor de la lluvia se multiplique detrás de las rejas de la casa en la que comienzo a vivir como si fuera un cuento. Como fuera que sea, la zona sur tiene un jardín donde se come a la sombra de un olivo y más acá el ombú saca sus raíces para que el verano las cubra de pasto. Un tilo se hace perfume repentino y un rosal amarillo revienta de flores en noviembre. Yo voy y vengo, atravieso de sur a norte la ciudad como si fuera un sueño encadenado de transportes. Además de un jardín, un abrazo nocturno, y el sueño que tejemos, él me regala un viaje: iniciático rumbo en el que desentraño palabras, busco mis claves, alumbro las páginas de un libro y pienso en la calle de tierra que caminaré hasta la reja, en los perros que saltarán sobre mí, en la gata que lamerá mis dedos y en la taza que me estará esperando. Pienso en él y regreso a casa, que ahora está en el sur, ese destino fatal que nos convoca cada noche profunda. 

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