sábado, 28 de diciembre de 2013

Calor/Alerta rojo

El calor gotea con sus manchas pegajosas y se adhiere como un gránulo de sal húmeda e inaprensible en el borde del cuerpo. Entreabro los párpados y el sol ya pega con sus brazos en una lucha en la que pierdo siempre. Por suerte hay luz, pero para que pasaran los cables como fogonazos talamos hace años los bosques y la lluvia limpió las capas de la tierra. Nada crece. Excepto el calor con su lengua rasposa que pide siempre más. No hay ni una gota de agua. Ni aquí ni en nigún otro sitio. El cuerpo es un fastidio y no hay líquido que pueda consolarlo. El muy cretino se empecina en encerrarse y no dejar bailar al alma. Los abanicos revolotean como moscas inertes contra el cristal. Dicen que durará eterna y tristemente. Solo queda el acto profuso del amor para abrir las compuertas y que el aire se cuele entre los interticios y los pliegues. Solo queda el susurro y la risa que se nos filtran en el ronroneo del aire que zumba como una cigarra para anunciar que mañana será mucho peor.

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