Estar en casa

Hay que dejarse andar entre las cosas que migran de allá a aquí: sillas de colores, juguetes de madera, ángeles dormidos, sábanas, tinteros. Hay que dejarse andar y cada objeto hallará su lugar y dejará de flotar. No es que no tienen rumbo: ellos saben con perfección de sabio cuál es la hora en los pule el sol. Así amanso los lados trémulos de mis caricias y sereno las plumas de mis desolaciones anteriores que se han ido y ya no están. Vuelo en el agua calma de la alegría y me mojan los ángeles nocturnos con su canto de grillos entre las hojas oscuras. Caen estrellas en el abrazo que nos acuna en esta noche y en cientos de miles más.

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