viernes, 20 de diciembre de 2013

Partir de Parque Chas

Me dormí pensando en mi casa de años incontables, en sus paredes con mariposas y flores pintadas con pinceles, en su terraza con olivos y ciruelos. Me dormí y soñé con mi hijo pequeño, sentado en mi falda, mientras mi voz le tejía un cuento de animales salvajes que se dulcificaban en sus manos y deseé para él la tibia felicidad de los que han pasado por la furia y llegan al remanso de un arroyo para calmar su áspera sed. Me dormí y pensé en mi barrio de calles circulares donde jugué a perderme por el placer de hallar alguna vez quién era yo. Me dormí y recordé a los hombres que me amaron y quedaban acá. Me dormí y fui acunada por los ojos azules de mi padre, que me empujaba para que no dejara yo de caminar. Al despertarme el día era de transparencia veraniega y el silencio era de mundo recién hecho con algunas plumitas que quedaron de los pequeños pajaritos que yo fui. En mi sueño, mi hijo volvía a decirme que comiera bien, y era, nuevamente, como decirme que me llevaba en los brazos de su amor para que yo pudiera acunarlo en mi cintura XS cada vez que lo necesitásemos los dos. Me dormí y al despertarme ardía mi memoria como si fuera fuego de olivo azul.

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