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Mostrando entradas de diciembre, 2013

Mi madre: De Angela Davis a la psiquiatría bolchevique

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Allá por los finales de la década del 60, mi madre estuvo presa en el Asilo Correccional de Mujeres del "Buen Pastor". Le había dado un palazo a un policía en medio de la cabeza durante una manifestación de repudio a la guerra de Vietnam. Para esos años, e incluso durante mucho tiempo después, se había comprado todos los LP de Joan Baez y los ponía uno tras otro de ambas caras. Yo odiaba su música, pero me gustaba Sacco y Vanzetti. Mi madre admiraba a Angela Davis y me hablaba de ella y de los Blacks Panters sin parar. En el cuarto que compartía con mi padre -que, paradójicamente, era gerente general de una empresa norteamericana- había pegado unos afiches con su Ángela y llevaba unos prendedores en sus carteras para mostrar su adhesión al Black Power. Como le había tocado nacer de este lado del mundo, mi madre era marxista leninista y militaba en una villa que estaba detrás de Molinos SA. Allí se pasaba todo el día y, a veces, me obligaba a acompañarla, cosa que yo detesta…

2013: balance y despedida

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Se termina 2013. Un año lleno de cosas buenas en cualquiera de los planos en el que lo piense. He crecido profesionalmente y eso me produce una gran seguridad en lo que hago, que es, básicamente lo que soy. Dejé atrás mi casa de Parque Chas donde viví quince años, y me mudé a la zona sur del suburbano bonaerense. Conocí al hombre con el que hoy comparto mis días: me río y siento mucho con él, y esa es una de las mejores sensaciones que debería agradecerle al año que se va. Perdí algunas amistades, gané otras y conservé las más, lo cual también es algo bueno. Me siento en paz y alegre. Ojalá el 2014 sea tan o más completo que este. Ojalá todo lo que he aprendido sea un aprendizaje significativo, de esos que entran en red con lo que una sabe desde el ayer e imagina para el mañana. Ojalá que mi hijo encuentre su lugar y su modo feliz de estar en el mundo. Ojalá mis sobrinos -los que ya están (Maïa, Luca y Miranda) y el nuevo que nacerá en mayo en Marsella- tengan un año lleno de luces…

Calor/Alerta rojo

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El calor gotea con sus manchas pegajosas y se adhiere como un gránulo de sal húmeda e inaprensible en el borde del cuerpo. Entreabro los párpados y el sol ya pega con sus brazos en una lucha en la que pierdo siempre. Por suerte hay luz, pero para que pasaran los cables como fogonazos talamos hace años los bosques y la lluvia limpió las capas de la tierra. Nada crece. Excepto el calor con su lengua rasposa que pide siempre más. No hay ni una gota de agua. Ni aquí ni en nigún otro sitio. El cuerpo es un fastidio y no hay líquido que pueda consolarlo. El muy cretino se empecina en encerrarse y no dejar bailar al alma. Los abanicos revolotean como moscas inertes contra el cristal. Dicen que durará eterna y tristemente. Solo queda el acto profuso del amor para abrir las compuertas y que el aire se cuele entre los interticios y los pliegues. Solo queda el susurro y la risa que se nos filtran en el ronroneo del aire que zumba como una cigarra para anunciar que mañana será mucho peor.

Zoofilia

Los animales están inquietos.
El amor se ha hecho oxígeno y arde.

Bordar

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Voy a bordar un dibujo en los días sucesivos del calor. Tendrá tierno pasto verde y pájaros y un día que parezca colgado de la soga y por secar. Tendrá vasos altos con líquidos fríos, una casa en la que viviremos en la sombra y tus palabras revoloteando como flores en mis carcajadas nocturnas. Voy a bordar un dibujo todo el tiempo que tenga este verano: cuando durmamos al pie de la montaña y naveguemos en el lago azul. Dejaré que los días conduzcan mis hilos de colores según su voluntad y pasearemos en el trazado del verano otra vez. En el telar gozoso de la vida dibujaré el amor y te lo voy a regalar.

Estar en casa

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Hay que dejarse andar entre las cosas que migran de allá a aquí: sillas de colores, juguetes de madera, ángeles dormidos, sábanas, tinteros. Hay que dejarse andar y cada objeto hallará su lugar y dejará de flotar. No es que no tienen rumbo: ellos saben con perfección de sabio cuál es la hora en los pule el sol. Así amanso los lados trémulos de mis caricias y sereno las plumas de mis desolaciones anteriores que se han ido y ya no están. Vuelo en el agua calma de la alegría y me mojan los ángeles nocturnos con su canto de grillos entre las hojas oscuras. Caen estrellas en el abrazo que nos acuna en esta noche y en cientos de miles más.

Partir de Parque Chas

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Me dormí pensando en mi casa de años incontables, en sus paredes con mariposas y flores pintadas con pinceles, en su terraza con olivos y ciruelos. Me dormí y soñé con mi hijo pequeño, sentado en mi falda, mientras mi voz le tejía un cuento de animales salvajes que se dulcificaban en sus manos y deseé para él la tibia felicidad de los que han pasado por la furia y llegan al remanso de un arroyo para calmar su áspera sed. Me dormí y pensé en mi barrio de calles circulares donde jugué a perderme por el placer de hallar alguna vez quién era yo. Me dormí y recordé a los hombres que me amaron y quedaban acá. Me dormí y fui acunada por los ojos azules de mi padre, que me empujaba para que no dejara yo de caminar. Al despertarme el día era de transparencia veraniega y el silencio era de mundo recién hecho con algunas plumitas que quedaron de los pequeños pajaritos que yo fui. En mi sueño, mi hijo volvía a decirme que comiera bien, y era, nuevamente, como decirme que me llevaba en los brazos …

Lengua y literatura (II): Nene, andá y corregí tu texto

Y un buen día, después de leerles infinitos relatos, sacamos un conejo de nuestra galera, nos disfrazamos de mago y decimos con voz seductora: "Y ahora...¿qué les parece si ustedes escriben un cuento?" Y para que ninguno se avive de la trampa reforzamos: "¡WOW! ¡Un cuento escrito por ustedes mismos! ¡Qué bueno!". Como si fuera poco y para que nadie  huya, prometemos: "Y podemos hacer nosotros mismos un libro. ¿Se imaginan entrar en la biblioteca y encontrar un libro que ustedes hayan escrito? ¡Qué emocionante! ¡Ser escritores!" Y los chicos son chicos, nos tienen confianza y creen en cada cosa que les hemos dicho, así que, con ojos ilusionados, se aventuran y empiezan creyendo que escribir es soplar y hacer botellas. Pero más que pánico a la hoja en blanco, la escritura escolar puede ser el túnel del terror. Descontemos la creatividad que, muchas veces, los profesores nos ocupamos de matar a garrotazos: "Escribí un cuento en el que haya una botella,…

Las doradas manzanas del sol/ Les pommes d'or du soleil

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El niño trepaba al altillo como quien sube al cielo por una escalerita. Se quedaba unos segundos inmóvil, allá arriba, aspirando el perfume, y, luego, entraba. Pasaba primero una pierna por la abertura, después la otra, el cuerpo, la cabeza y ya estaba en medio del altillo. Aún ciegos los ojos, antes de acostumbrarse a la penumbra, se dejaba invadir por el aroma a manzanas. Cientos de manzanas amarillas y rojas, levemente dulzonas, perfectamente ácidas, colocadas con delicadeza en mesas de madera, una al lado de otra, esperando mientras perdían su tersura y firmeza y se iban esponjando concentradas en su dulzor de fruta disecada. Cientos de manzanas secándose con sus cabos arriba y sumando sus moléculas de azúcar mientras su piel arrugaba el territorio suave de su vida de fruta. Entonces paseaba entre las mesas, jugaba a armar ejércitos, batallas, historias con manzanas, y se iban las horas hasta que afuera, en la azul tarde de aquel pueblo sonaba la voz francesa de su abuela llamánd…

Lengua y literatura (I): De cómo obligar a leer y que se den cuenta

Pienso -a veces- en el cruce entre la obligatoriedad y el placer. Pienso en las páginas leídas sobre cómo acercar los chicos a los libros. Pienso en el tan nombrado "contagio" y en el mito de "nada de lo que leí en el colegio me emocionó" y su otra versión "todo lo que de verdad fue significativo lo leí fuera de las aulas", dichos con un percing en la memoria y postura del chico de la moto en Rumble fish. Y pienso en una cultura que lima la memoria del esfuerzo como camino de construcción y allana el advenimiento del hedonismo más puro.  Entonces me recuerdo a través de todos mis años escolares, en materias que amé y otras que odié, pero fui obligada a transitar. Y tan mal no me ha ido. No está mal "obligar" a leer. Claro que no. La lectura, por más simple que sea, es un camino cuesta arriba para nuestros chicos. Hay que seguir un sendero, paso a paso, para construir eso que llamamos significado; y vivimos en una época en la que las lecturas pr…

Sexo

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Quiero hablar de sexo.
De la mañana que se abre como una grieta roja y transparente.
De la mano volcada junto al cuello donde duerme.
Del resto de un naufragio a oscuras y en medio de la noche.
De la tierra mojada y su supremo aroma a menta.
De las palabras verdes como metales.
Del consuelo de ese fuego encendido.
Del sueño que es un árbol abrigado.
De la lluvia que cae y sube y vuelve a caer.
De la risa que remonta quebradas y tierne su fragancia.
Del corazón que tiembla con temblores de viento.
De los efectos dulces de toda incertidumbre.
Del gran libro donde se inscriben los gemidos y las confianzas.
Del cuerpo a cuerpo de la conversación mientras pasa otra hora.
Del granizo caliente de los dedos que hacen el café.
Del interior de los objetos suaves como burbujas de oxígeno celeste.
De los cristales de oro que reflejan tan solo los suspiros.
De la pulpa serena de las bocas.
Del agua en la pileta corriendo como un río.
Del comienzo y el final encadenado de los actos.
De la ropa c…

Parque Chas: game over

Cuando me estoy abrochando las sandalias me doy cuenta de que ya no estoy aquí. Me quedo suspendida en la presilla y miro las paredes pintadas con flores, los libros amontonados en fila. Una pequeñísima lagartija entró por el jardín de al lado y ayer maté una araña sobre el freezer. Hay polvo sobre las cosas desarmadas y la luz es macilenta y helada. Cuando suena el teléfono la casa está vacía y el timbre rebota en las paredes. Yo ya no estoy acá y las paredes dejan de ser las mías. Una casa es la gente que la habita y yo me fui de aquí.

La frontera

Una frontera. Los pasajeros y su deseo. Las bocas entreabiertas bajo la lluvia. Después la oscuridad cayendo a pico sobre el borde. Una mano crispada y luego mansamente relajada. Las palabras y sus nudos de letras luminosas. La risa. Y el sueño que disuelve los antes y ahora y analgama la dicha.

Oscuridad

"Acá", dice él. Y su voz se hace un camino en la oscuridad hasta llegar a mi oído. Nos movemos entre sombras, mientras afuera suenan unas sirenas sobre los restos de la tormenta. Sigo su eco perfumado por la casa mientras él va encendiendo las velas y la costura que zurce el día con la noche ya ni se nota. Me quedo en silencio, sentada junto al vidrio, mientras la gata descubre profundidades que mis ojos ignoran. A veces me dan miedo las sombras y la luz repentina me sorprende con una fragilidad que ya conozco. Pero no ahora , porque seguimos a oscuras y nos acostamos con la sola luminosidad del abrazo que tenemos. Él habla con su lengua de dos voces y yo me pierdo en sus verbos que "sideran" los espacios que quedan en penumbra. Finalmente dormimos y la luna acuna por la ventana abierta después del viento y de la lluvia.