domingo, 5 de enero de 2014

Del otro lado

La cuestión -qué duda cabe- fue zambullirse. 
Siempre. 
De cabeza. 
Sin pensarlo demasiado. 
Conteniendo apenas la respiración. 
Única condición fundamental e ineludible: 
que los ojos estén abiertos. 
Muy abiertos. 
¡Hay tanto para ver del otro lado!
La intemperie de los objetos, por ejemplo.
O la libertad que hace por las tardes.
O los reflejos del lenguaje en el agua.
O las hojas absueltas por la savia.
O el borde recortado de la locura.
O el resplandor de las manos en el bosque del alma.
O la foto que se mijó y canta tiritando.
O las ciuerdas del piano cuando arden.
O los ritos de la hospitalidad y las teteras.
O el mundo suspendido entre paréntesis.
O las palabras con sus mares adentro.
O las fieras que danzan en su quietud salvaje y al acecho.
¡Hay tanto para ver del otro lado!

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