sábado, 11 de enero de 2014

La pavorosa fragilidad de la vida

El auto da varios  vuelcos en ese tramo recto que une en medio del desierto General Acha con 25 de mayo.  Un chico sale despedido por el vidrio y ni tiempo tiene de darse cuenta de que ha muerto. La madre queda herida, mientras el padre y la hermana intentan socorrerla, a la vez que procesan lo que les ha pasado que es, nada menos, que la pavorosa fragilidad de la vida. Y una, entera y a salvo, piensa en el esfuerzo que ponemos en estar vivos, en dotar a nuestros actos de sentido y coherencia, en ser honestos y verdaderos, en transitar un camino con claridad ideológica y entereza emocional y la vida es un soplo, es eso que salta por el aire y se suspende. Y bajamos a amparar, a hilar el hilo que sostenga y ayude, a correr a un sitio con señal para que vengan médicos y anuden ese latido tembloroso que, pese a todo, debe seguir andando.

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