Un 2 de enero de hace 365 días

Hace 365 días, el corazón saltaba los charcos de la ansiedad con sus dos patas chuecas, con sus dos patas bastante lastimadas, con sus dos patas temerosas y pensaba. Y en el pensar se le iba la vida que pasaba entre una idea y otra retorciéndose. Y entonces respiró y se puso a cantar, a voz en cuello para calmar las ansias, y dijo (se dijo) que había que salir del capullo invernal que se había tejido. No era una mariposa. No lo sería nunca: era tan solo un trémulo corazón que quería saber el peso indefinible del amor: de tu mano en mi mano ahí sobre esa mesa en que las palabras eran pájaros libres, al fin y otra vez.

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