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Mostrando entradas de febrero, 2014

Mariano Levin: 29 de mayo de 1951/ 28 de febrero de 2010

Querido mío: Donde sea que estés, que lo más probable es que sea en ese sitio inasible que llamamos memoria  (hecho de nombres, de palabras, de pelusa, de tiempo), donde sea que te hayas refugiado con tu sangre tan blanca que había olvidado -de pronto- como no hacerse río, donde sea que hayas recalado tu barca a juntar piedrecitas y ver atardeceres, sabé que te recuerdo porque hay un cuarto en medio de mi alma que llevará tu nombre, porque no somos otra cosa que el resultado de bocas que nos nombran a través de los tiempos y  allí hay una parra podada que siempre reverdece, hay un amor dormido, hay un cepillo con dentífrico arriba. Sabé que, el otro día, hablaba con un viejo vecino y le decía que no hay una palabra que pueda definir lo que nosotros somos, que ya no puedo decir que sos mi qué, porque la muerte es eso: infintas puertas que se cierran de golpe y, sin embargo, el afecto es viento que sopla -a veces como brisa, otras, un huracán de pena o un mordiscón de lluvia mojando lo…

Él duerme/ Aún

La piel del día se estremece.
Oigo el temblor de tu respiración
y me deshago de la sombra que tirita en el silencio casi nocturno todavía.
Las palabras tienen verano aún y brillan como flores o frutas.
Nadie sabe.
Hago un pequeño fuego con el calor que crece de tu abrazo
y entibio los relatos donde quedé dormida anoche.
Hay fulgor en tu sueño
y amaneceres enredados
y amparo de mañanas.
Alrededor se ve el vuelo de los pájaros que serán.

Comienzan las clases

Cuando yo era chica como ustedes -sí, alguna vez yo fui pequeña-, el primer día de clases me ponía muy inquieta. La noche anterior revisaba decenas de veces los útiles, les sacaba punta a las pinturitas, acomodaba la lápicera de pluma, miraba si había forrado bien el cuaderno. En la silla estaba planchado un guardapolvo nuevo, que siempre era dos talles más grande porque "vas a pegar un estirón",decían en casa. Lustraba los zapatos y les ponía adentro las medias blancas. Esa noche me despertaba pensando que se habían olvidado de llamarme y miraba el reloj para darme cuenta de que eran las once, las doce, la una.
Después crecí, fui a la Universidad y me recibí de profesora. Di clases, escribí libros, fui a congresos y me sigo despertando cada hora la noche anterior al comienzo de clases. Anoche, por ejemplo, preparé mi mochila, dejé mi ropa sobre la silla ( que ahora tiene el talle indicado porque nadie espera que dé un estirón) y me fui a la cama. Me desperté a las doce, a …

Padres lectores, ¿hijos lectores?

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Hay un mantra que dice "Si querés que tus hijos lean, que te vean leer". Mis padres tenían una biblioteca inmensa. Mi madre, con su escaso séptimo grado, es una lectora compulsiva. Debe ser uno de los pocos seres humanos que  ha leído varias veces  las obras completas de Dostoievski, en los tres tomos publicados en papel biblia por Aguilar.  Si el mantra fuera ley, mis dos hermanos y yo, criados en el mismo hogar, con la misma biblioteca a disposición y -mal que nos pese- por los mismos padres, seríamos tres lectores compulsivos. (Suena una chicharra de alerta). Pues no. Mi hermano Mariano no lee ni los chistes del periódico,  el menor supo leer cuando yo le puse el libro adelante; y yo, que soy la mayor, no hago más que leer. La conclusión pone en evidencia la fragilidad del mantra mencionado.   Los motivos por los que cada ser humano lee deben de ser infinitos y escapan a mi posibilidad de comprensión. Solo puedo hablar por mí misma: yo leí para ahuyentar mi soledad infan…

Canciones tristes

Hoy viniste. Trajiste como siempre tu sillita amarilla. No me dijiste nada. Yo estaba trabajando y me llevó un rato darme cuenta de que ahí estabas. Te delató el sonido que hacían tus huesos al chocarse. "¿Qué hacés?", te dije sorprendida.  Y me miraste con tus ojos de muerto. Y había tanta pena que te senté en mi falda. Entonces apoyaste tu cráneo y, si acaso a los muertos les es dado el sueño, vos te fuiste durmiendo. Yo te canté bajito, para no despertarte, una canción que decía que el amor no se muere; que, simplemente, cambia para que puedan morir en paz los muertos y que logren vivir los que quedan llorándolos.

Elección

No me pregunto por qué.
Simplemente sucede.
Tal vez la rotación del viento en madrugada,
o la hierba que crece sin que nos demos cuenta,
o los destellos del reloj en la noche profunda.
Pero sucede.
Cada mañana.
Inevitablemente.
Gozosa y fijamente.
Como una música ejecutada por el tiempo.
Como la sangre que vuelve a su verdad.
Como el alma que anida en la almohada.
Sucede.
Y lo celebran los fuegos encendidos, las alondras, la risa que se canta a sí misma, tu boca que me nombra y este cuerpo ralo que llevo a través de kilómetros solo para encontrarte y volver a elegirte.
Porque sucede.
Simplemente sucede.

Nocturno

La noche cae perpendicular a vos.
Yo la recibo,
y me dejo traspasar por tus párpados mojados.
Después la luna cose un manto con las plumas de un pájaro
y no podemos hacer más que volar.
Dicen que llegarán las cartas que nos hemos escrito cuando aún no nos sabíamos.
Tienen letras azules
y un corazón de sal en medio del ayer.
Las estrellas quedaron zurcidas en la sangre y titilan en el ruedo furioso del amor.
Ahora te envolvés en las sábanos,
y llega, lenta, la hora de dormir.
Tus brazos son un nido de lanas y caricias
y alguien ya apagó el sol.

Carnet de identidad

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Yo soy la otra. Esta y la otra. Y aquella otra también.
Soy la que fui corrida a piedrazos por los hombres de la ciudad. Algunas mujeres los acompañaban. Siempre hay mujeres que tiran piedras solo por que lo ven.
Soy la que envolvió su corazón cuando estalló la guerra y el hilo de sangre se le cortó en los dedos. Quedé sola y con el vientre vacío de tanto esperar.
Soy la que desgarró los cristales con sus uñas hasta volverlos arena y grité y me reí sin darme cuenta de dónde estaba el amor.
Soy la que caminó sin detenerse mientras los otros me señalaban con el dedo, y la espada flamígera de Dios colgaba sobre mi nuca rapada.
La vergüenza, dijeron de mí. Y a mí nada me avergonzó.
Soy la que se sentó a acunar los cadáveres de los niños para que la vida volviera en la melodía secreta de la madre que no fui.
Soy la que cortó las sábanas de siete mil hilos con los dientes para anudarlas y escapar mientras las lagartijas envenenaban el aire que tenía para respirar.
Soy la que cerró los ojos…

Fragilidades

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La fragilidad tiene disfraz de volcán.
Y lava.
Y piedras.
Y tormentas.
Las construcciones del otro (o de la otra) son espejos en los que no nos deseamos ver.
De los laberintos solo se sale por arriba.
O cuando hallamos la pieza del rompecabezas, la que habíamos extraviado en el mismo momento de nacer.



Cocina de Turderaville

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Las tazas mojadas por el sol.
La sal en las sartenes.
La ropa colgada debajo de la parra.
La tierra y su lluvia de hoy.
La cuchara naranja.
Las cerezas de enero.
Los cuchillos y sus ganas sedientas.
Los vasos con su memoria de piedra.
El chocolate y su disfraz de barro y colmenar.
La mesa y las nupcias del café.
Todo
y el pan que tapo y no llega a levar.


En esta casa

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En esta casa la tibieza ha abierto su colmenar de caricias y se ha paseado desnuda entre las sábanas como una hoja que cae y se demora para mirar el sol desfallecer en la colina del deseo. Los animales duermen en el borde de esta noche a oscuras en la que las palabras se plegaron y vos las fuiste abriendo para mirar su corazón. El alma conoce el soplo que la lleva y te hilvano a mi vida cada día con sus manteles y la conversación como una piedra que pule, que aliviana, que crea ese momento en que decimos que la tibieza nos rescata de aquellos desgarrones en que la vida hizo su sombra. Esperamos la madrugada mientras yo cumplo el rito nocturno de reír.

Ahora

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Ahora me he desvelado.
Y hace frío.
Tanto como para ir a buscar un abrigo.
Tanto como asombrarse y decir que hace frío.
Y luego pensar qué hago acá levantada.
Y que el verano parece haberse ido.
Y a renglón seguido decirse que ya volverá.
Ahora gasto el tiempo en los pensamientos vacíos de los que se han desvelado.
Y me enumero
-para mi cuenta personal-
las inquietudes de febrero
como que hace frío
que me he desvelado
y que la muerte es una sombra blanca que lima la memoria con sus dientes de hielo.
Será quizá que el verano, también desvelado, se habrá muerto en febrero. 

Mi memoria

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Tengo una caja de secretos.
Guardo las cosas de mi memoria que tengo miedo de perder.
A veces los olvidos te asaltan por la espalda y cuando te das cuenta se llevaron algo.
Y nunca lo recuperás.
Yo no quiero olvidar.
Yo no quiero perderme en las nebulosas de los sistemas indefinidos.
Yo quiero abrir mi caja y encontrar cada cosa
y que tenga su perfume de antaño.
y el calor de costumbre.
Porque yo soy mi memoria encarnizada;
y sin mi caja
estaría vacía,
que es decir muerta,
perdida,
y loca.
Porque el olvido nos hace otros,
nos roba la posbilidad de aprender.

Un domingo infinito

Unos pequeños colibríes verdes saltan del iris a la boca y se hace verde el minuto subsiguiente.
Después, entrarás, preguntarás si deseo alguna cosa a esta hora en que el deseo es una lente salpicada de rojos que se agitan.
Te sonreiré, como todas las tardes y diré que soy feliz.
La oscuridad estallará con sus luces de adentro.
Pespunteré la tarde con hilos de colores y serviré la cena, lenta, muy lenta.
Para que siga este domingo hasta el siguiente
y nunca tenga fin.

Lluvia

Llueve. Con esa manía que tiene la lluvia de mojarlo todo. Los autos se lavan con las luces intermitentes del agua y el asfalto se moja con el verdor líquido que cae. Las esquinas inundadas son peceras en las que los aleteos de los peces marcan una ruta por donde ir hacia la tormenta siguiente.  Unas imperceptibles reverberaciones se montan en las olas azules del aguacero. Y baja la tristeza en catarata desde el cielo.

Lengua y literatura (III): La formación de grado y la LIJ/ O de cómo nadie quiere ponerle el zapato a la Cenicienta.

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Solo por hablar de los profesorados de Literatura dictados en el Joaquín V. González y en la Facultad de Filosofía y Letras ( de donde yo misma egresé hace miles de millones de años), los profesores carecen de formación de grado en Literatura Infantil y Juvenil. Es decir, muchos de los docentes que enseñarán a chicos de entre 12 y 17 años nunca fueron formados en el universo de los libros para niños.  Para citar lo que mejor conozco, aprendí griego y latín (sus lenguas y literaturas), gramática, teoría literaria, filosofía, estética, y literaturas argentina, española, francesa, italiana, portuguesa, brasileña, norteamericana, inglesa, latinoamericana; pero nunca jamás en LIJ en la Universidad de Buenos Aires. Soy conciente de que la praxis docente forma, pero también sé que hay profesores cuyas lagunas perduran por siglos y se transforman en inmensos mares que no están dispuestos a vadear. Y así vamos. La cuestión es que la literatura infantil y juvenil es la Cenicienta para la Acade…

Las marcas inefables del amor

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Me gustan las sábanas blancas.  Quedan en ellas  las estrategias irreverentes de los dedos, el sudor estampado como una flor inquieta, los receptáculos laberínticos del beso, los bosques de las lenguas con sus hojas ensalivadas, los peligrosos suspiros que son anclas soltadas en la mar, y vos, y yo: las marcas inefables del amor.