jueves, 20 de febrero de 2014

Canciones tristes

Hoy viniste. Trajiste como siempre tu sillita amarilla. No me dijiste nada. Yo estaba trabajando y me llevó un rato darme cuenta de que ahí estabas. Te delató el sonido que hacían tus huesos al chocarse. "¿Qué hacés?", te dije sorprendida.  Y me miraste con tus ojos de muerto. Y había tanta pena que te senté en mi falda. Entonces apoyaste tu cráneo y, si acaso a los muertos les es dado el sueño, vos te fuiste durmiendo. Yo te canté bajito, para no despertarte, una canción que decía que el amor no se muere; que, simplemente, cambia para que puedan morir en paz los muertos y que logren vivir los que quedan llorándolos.

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