martes, 18 de febrero de 2014

Elección

No me pregunto por qué.
Simplemente sucede.
Tal vez la rotación del viento en madrugada,
o la hierba que crece sin que nos demos cuenta,
o los destellos del reloj en la noche profunda.
Pero sucede.
Cada mañana.
Inevitablemente.
Gozosa y fijamente.
Como una música ejecutada por el tiempo.
Como la sangre que vuelve a su verdad.
Como el alma que anida en la almohada.
Sucede.
Y lo celebran los fuegos encendidos, las alondras, la risa que se canta a sí misma, tu boca que me nombra y este cuerpo ralo que llevo a través de kilómetros solo para encontrarte y volver a elegirte.
Porque sucede.
Simplemente sucede.

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