domingo, 9 de febrero de 2014

Un domingo infinito

Unos pequeños colibríes verdes saltan del iris a la boca y se hace verde el minuto subsiguiente.
Después, entrarás, preguntarás si deseo alguna cosa a esta hora en que el deseo es una lente salpicada de rojos que se agitan.
Te sonreiré, como todas las tardes y diré que soy feliz.
La oscuridad estallará con sus luces de adentro.
Pespunteré la tarde con hilos de colores y serviré la cena, lenta, muy lenta.
Para que siga este domingo hasta el siguiente
y nunca tenga fin.

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