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Mostrando entradas de marzo, 2014

He vuelto

Estuve lejos los últimos días.
Tan lejos que el viento barría la morada y yo...
Yo estuve lejos.
Y la lluvía, liquidadora de árboles y hojas, en la estación,
como un aullido.
Quiero que sepas,
ahora que ya he vuelto,
que sos mi patria,
mi casa,
mi alimento.
Y todo lo demás es el soplo del viento.
Quiero quedarme quieta para que cesen las palabras.
Escuchemos la lluvia mientras nos vamos durmiendo en la ternura.
Te quiero,
que es como decir que he vuelto.

Elegir enseñar a leer y escribir: elegir quién soy

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Pienso muchas cosas en estos días. Cosas sobre mi vida. Sobre lo que he hecho, sobre los modos, los instrumentos, los resultados. Pienso en lo que soy y lo que deseo ser -lo que todavía tengo esperanza de ser. Pienso en mi familia -es decir, en mi madre y mi hijo, y, a veces, en mis hermanos y sobrinos que están tan, pero tan lejos-. Pienso en la literatura y la lengua, en la creación y la didáctica, en escribir y enseñar, en el camino que suponía que iba a transitar y en el que -efectivamente- desando con mis pies. Pienso en elegir lo que la vida me dice que soy (alguien que milita por la literatura infantil y juvenil en esa institución denominada escuela, enseñando ese poderoso instrumento que nos hace humanos y llamamos lengua). Pienso en que ya no puedo escapar a la pedagogía, porque ella me eligió a mí y porque, en esencia, no sé si quiero negarme a su elección -como tantas veces creí-. Pienso que me cansa sentir que hago esto, pero lo que deseo es sentarme a escribir ficción -sé…

La larga noche de la dictadura o de para qué sirve la gramática

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Ese año. Ese único y extenso año. Un pueblo perdido en medio de la llanura pampeana, cercano a Lincoln. Cuatro manzanas de tierra y un cine club en la sociedad de fomento donde pasaban películas de Tita Merello. Un cura que venía de Bragado a dar misa los domingos a las doce y se volvía a la una. Una tía lejanísima que nunca había visto y que se llamaba Elaine y la parodia de la sobrina enferma que venía de Buenos Aires a reponerse en salud. "No se sabe: dicen que los pulmones, pero para mí que está medio, ¿no le vio la palidez y la tristeza" Pesaba 45 kilos y apenas tenía ropa en su bolso.  Los libros habian quedado en Buenos Aires y el único teléfono del pueblo estaba en la Comisaría. Una larga noche de casi doce meses y una soledad que quemaba con sus preguntas sin respuesta. Y ahí estaba Sarmiento: el padre de la escuela, gloria y loor, y Facundo/ Civilización y barbarie en la noche más bárbara del mundo. 
"¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que, sacud…

Siempre o de cómo atravesar un pre-24 de marzo

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El domingo llega. Es un día de la semana, y el transcurrir del tiempo escapa a mi voluntad. Anoche acomodé CD y dije: "En esta sala están todos los libros que vos no vas a leer y toda la música que yo no voy a oír", que era mi manera de decir que yo leo y vos cantás. Antes había llorado: por Gómez que se fue y lo robaron (la pena tiene formas sinuosas); por Julián que lo desaparecieron y lo entregaron a la muerte; por la larga noche del 76. Y cuando salté a tus brazos, me aupaste y me dijiste que ibas a intentar estar "siempre". Los dos sabemos que es un adverbio de difícil concepción, pero, en sus sílabas abrazadoras, solo  escuché el acto amoroso de tu reparación. Siempre es la eternidad instantánea que se profundiza, se hace honda, cava un hueco adentro de la tierra para salir del otro lado al sol, siempre es el resguardo verbal en que podemos cobijarnos para poder decir "Nunca (Ja)más".

Bendición

No hay una proximidad más profunda. Más allá de tu cuerpo en mi cuerpo, nuestras almas se enlazan y dan brotes nuevos bajo el sol. Bendita sea la vida que todo lo celebra atravesando las noches más oscuras.

Se fue Iván a recorrer sus Pequeños Grandes Mundos

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Hoy se fue mi amigo Iván. Por más de quinientos días va a estar lejos haciendo cosas muy lindas con los chicos del mundo. Todavía me acuerdo de ese día en que me dijo, en mi casa de Parque Chas, "Che, JotaPé (Iván me llama JotaPé por si no lo saben), tengo ganas de...".     Ahora está cumpliendo con sus ganas que es lo "más mejor" que le puede pasar a alguien. Iván se subió al hombro sus deseos de dar talleres gratuitos de ilustración a todos los chicos del mundo, despidió a Tai (que es su perro amigo come sándwiches de miga) y se fue a recorrer América, Asia, África y Europa. Yo ya lo extraño y, con el correr de los días, voy a extrañarlo más.     No es que nos veamos todos los días ni nada parecido; pero es una persona que yo sé que está ahí para decirme "zonza" cuando es necesario que alguien me baje de un hondazo de mis miedos y mi soberbia. Fue el primero -junto con Violeta- en saber que yo me había enamorado de Claudio, y los dos me acompañaron …

Las abejas nocturnas de tus palabras

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Vos me hablas entre sueños, y tus palabras abren un colmenar en medio de mi cuerpo donde unas abejitas de cintura amarilla y alas transparentes danzan y cantan con la impaciencia furtiva del amor. En la colina perfumada de las flores, las palabras han cosechado sus sílabas de luz. Raro animal de sedoso pelaje, el verbo se estremece y va de amor a cuerpo y se hace mar. Entre las sábanas nocturnas, las abejitas nadan, rondan y apilan su cosecha de frases somnolientas. Para surcar la noche, me arropo con tu abrazo que es abrigo bastante para llegar hacia el amanecer. Cuando la luz se despierta y afuera se hace el día, repaso con mi boca los restos nocturnos de la miel.

Convivir

La luz azul fosforescente está diciendo que amanece.  La taza ha quedado vacía en la mesa. Veo las luces rojas de los autos como ojos ensangrentados en la noche oscura del asfalto. El resto queda en silencio, mientras recuerdo tus palabras. La vida compartida me acompaña como una selva abrazadora que tiende lianas para  que pueda huir cuando salen las fieras de áspero pelambre. Lo que somos y hacemos se entibia entre mis dedos y me crece en los labios con los sutiles pespuntes del amor. El sol ya colorea los objetos, mientras todos duermen, excepto yo que viajo con las memorias que me regalás y que crío en mi cuerpo para que nada me haga mal. Cuando caiga la tarde, besaré tu sonrisa y la luna comenzará a subir.

El francoparlante

Él habla y yo, al principio lo escucho, después me distraen sus ojos y se me va la atención por sus pupilas como si fuera un barrilete que resplandece. Galopan entre las nubes mis ternuras, y en los espejos azules con que él cuenta su historia  hacen gorgoritos mientras cantan. ¿Qué madre pudo tejerle así los ojos con lanas de colores tan profundos para que yo los mire mientras él habla en su lengua cosida con retazos y palabras que, a veces, se le escapan y los busca nadando en el océano de orilla a orilla?  ¿Qué madre pudo ponerle plumas de colibrí alrededor del iris y unos pétalos mojados de lirios para que yo los mire mientras él busca esa palabra que tiene en una lengua y se le escapa en otra? ¿Qué madre pudo hacer ese bordado de añiles para que yo me duerma cuando cierra sus párpados y dice que á demain y los dos abrazamos esos campos de lino mientras nos mojan las olas azules de sus mares en la barca profunda de las sábanas?

Nuestra casa

Lo hacemos suavemente, dejando que la casa se expanda como una luz fosforescente. Caben en ella las pieles de la risa, los volúmenes perfumados de los besos. Corremos los muebles y vamos dando forma a eso que sopla en nuestros ojos: tu voz me cuida, es el reverso de todas las heridas,  los libros que se escriben con saliva, la mano que dibuja una vida y yo la lleno con palabras. Ya no es solo tu casa, yo ya no vivo en aquel territorio de calles laberínticas, y en este sitio echamos inusuales raíces. Es nuestra casa, con nuevos escondites donde nos abrazamos para que brille el sol. Por la mañana despierto cada día refugiada en tus brazos: es una dulce lucecita que parpadea al alba y sigue, sigue, sigue. Infinita sustancia que flota en nuestra casa.

Lengua y literatura (V) : Hablame que necesito estar viva

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Hoy estaba en una reunión en la escuela y escuché a una psicoanalista que nos asesora decir que alguien (no recuerdo quién) sostenía que los niños necesitan ser tocados por las palabras, que el lenguaje les crea una primera piel que les permite, entre otras cosas, contener la dispersión y mediar con el mundo. Entonces ya no pude seguir oyendo más: la imagen de las palabras transformándose en esa posibilidad de contener a partir del roce de los vocablos con ese niño me resultaba terriblemente poderosa. Siempre creí que la experiencia de la realidad debe de ser perturbadora para los niños, tanto que necesitan la palabra que ahuyente el miedo a esa avalancha de sensaciones que ha de suceder cuando se experimenta por primera vez el viento, o la lluvia, o los pájaros, o el mar... Entonces -pensé- hablar con los chicos, buscar las palabras que les permitan designar lo que son, lo que sienten, el mundo cambiante que los invita y los asusta, es algo más que un ejercicio pedagógico: es  ayud…

Esa palabra llueve

No hace falta decir  llueve,
Y sin embargo, la lluvia, esa que moja la ventana y diluye la nostalgia, es algo que acontece cuando yo digo llueve y el verbo es gota sobre las hojas verdes de los árboles.
Llueve sobre mi frente fresca
gravemente
con suavidad de agua.
Vuelvo a decirlo para que no cese y el día se disuelva en la tierra barrosa.
Llueve una lluvia dulcísima
llagándome de alegría de ternura de terciopelos mojados
y entra la lluvia adentro de mi boca
y digo llueve llueve llueve
y cae un aguacero
que canta amado en la mañana
que comienza porque yo digo ahora
como antes dije llueve
y las palabras son eso que se derrama como agua que moja los renglones y se mete en los charcos.
Y digo con burbujas para que llueva mientras sea siempre hoy.

Él hace mis bibliotecas

Un libro es apenas un puñado de hojas, una fila de letras, de palabras, de frases. Un libro es una historia, un estallido, un torbellino de perfumes que se hacen memoria. Un libro es otro hombre a quien no llegaré a conocer nunca porque está lejos, porque se ha muerto y que viene a mis manos y me habla a mí para contarme qué cosas ha visto, cómo ha sentido el alma. Un libro me roza con palabras, me sacude con verbos, me despeja con pronombres, me obliga a estar atenta.  Los libros son lo que soy. Han estado desde que el tiempo es tiempo a mi lado: en maletas, en cajas, en muebles. Y hoy, mientras yo les quitaba los lazos, él, que es constructor de casas, inventor de ventanas por las que entra el sol, abridor de grifos para que pase el agua; él, hoy, les ha hecho un edificio lleno de escalinatas para que mis libros aniden en la casa y yo pueda tocarlos con las manos y los ojos, pueda decirles bienvenidos, los estaba extrañando. Y en ese hacer que él ha hecho yo lo he querido como se q…

A mi boca

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A mi boca
sos una incandescencia,
fósforo que se enciende en la sed
y muerde la tristeza como un hueso.
A mi boca
sos un corazonar,
latido que se quema entre los árboles del cuerpo
y da una sombra al mediodía de la risa.
A mi boca
sos un gozo, esperanza y medianoche,
dulce roer de la alegria que pespuntea el brillo
y anuda las caricias con la luz.
A mi boca
sos una bienvenida,
lámpara azul  por donde crece la suavidad
y se hace furia el día.
A mi boca
que siempre te festeja
que te borda los lados con sus labios
que te dice palabras colgadas en el baño
que te nombra y te hace.
A mi boca.
Solo.
A mi boca. 

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