viernes, 14 de marzo de 2014

Convivir

La luz azul fosforescente está diciendo que amanece.  La taza ha quedado vacía en la mesa. Veo las luces rojas de los autos como ojos ensangrentados en la noche oscura del asfalto. El resto queda en silencio, mientras recuerdo tus palabras. La vida compartida me acompaña como una selva abrazadora que tiende lianas para  que pueda huir cuando salen las fieras de áspero pelambre. Lo que somos y hacemos se entibia entre mis dedos y me crece en los labios con los sutiles pespuntes del amor. El sol ya colorea los objetos, mientras todos duermen, excepto yo que viajo con las memorias que me regalás y que crío en mi cuerpo para que nada me haga mal. Cuando caiga la tarde, besaré tu sonrisa y la luna comenzará a subir.

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