domingo, 9 de marzo de 2014

El francoparlante

Él habla y yo, al principio lo escucho, después me distraen sus ojos y se me va la atención por sus pupilas como si fuera un barrilete que resplandece. Galopan entre las nubes mis ternuras, y en los espejos azules con que él cuenta su historia  hacen gorgoritos mientras cantan. ¿Qué madre pudo tejerle así los ojos con lanas de colores tan profundos para que yo los mire mientras él habla en su lengua cosida con retazos y palabras que, a veces, se le escapan y los busca nadando en el océano de orilla a orilla?  ¿Qué madre pudo ponerle plumas de colibrí alrededor del iris y unos pétalos mojados de lirios para que yo los mire mientras él busca esa palabra que tiene en una lengua y se le escapa en otra? ¿Qué madre pudo hacer ese bordado de añiles para que yo me duerma cuando cierra sus párpados y dice que á demain y los dos abrazamos esos campos de lino mientras nos mojan las olas azules de sus mares en la barca profunda de las sábanas?

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