domingo, 2 de marzo de 2014

Él hace mis bibliotecas

Un libro es apenas un puñado de hojas, una fila de letras, de palabras, de frases. Un libro es una historia, un estallido, un torbellino de perfumes que se hacen memoria. Un libro es otro hombre a quien no llegaré a conocer nunca porque está lejos, porque se ha muerto y que viene a mis manos y me habla a mí para contarme qué cosas ha visto, cómo ha sentido el alma. Un libro me roza con palabras, me sacude con verbos, me despeja con pronombres, me obliga a estar atenta. 
Los libros son lo que soy. Han estado desde que el tiempo es tiempo a mi lado: en maletas, en cajas, en muebles. Y hoy, mientras yo les quitaba los lazos, él, que es constructor de casas, inventor de ventanas por las que entra el sol, abridor de grifos para que pase el agua; él, hoy, les ha hecho un edificio lleno de escalinatas para que mis libros aniden en la casa y yo pueda tocarlos con las manos y los ojos, pueda decirles bienvenidos, los estaba extrañando. Y en ese hacer que él ha hecho yo lo he querido como se quiere a los que nos regalan alegrías como si fueran libros abiertos, infinitos y sabios.

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