Nuestra casa

Lo hacemos suavemente, dejando que la casa se expanda como una luz fosforescente. Caben en ella las pieles de la risa, los volúmenes perfumados de los besos. Corremos los muebles y vamos dando forma a eso que sopla en nuestros ojos: tu voz me cuida, es el reverso de todas las heridas,  los libros que se escriben con saliva, la mano que dibuja una vida y yo la lleno con palabras. Ya no es solo tu casa, yo ya no vivo en aquel territorio de calles laberínticas, y en este sitio echamos inusuales raíces. Es nuestra casa, con nuevos escondites donde nos abrazamos para que brille el sol. Por la mañana despierto cada día refugiada en tus brazos: es una dulce lucecita que parpadea al alba y sigue, sigue, sigue. Infinita sustancia que flota en nuestra casa.

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