domingo, 23 de marzo de 2014

Siempre o de cómo atravesar un pre-24 de marzo

El domingo llega. Es un día de la semana, y el transcurrir del tiempo escapa a mi voluntad. Anoche acomodé CD y dije: "En esta sala están todos los libros que vos no vas a leer y toda la música que yo no voy a oír", que era mi manera de decir que yo leo y vos cantás. Antes había llorado: por Gómez que se fue y lo robaron (la pena tiene formas sinuosas); por Julián que lo desaparecieron y lo entregaron a la muerte; por la larga noche del 76. Y cuando salté a tus brazos, me aupaste y me dijiste que ibas a intentar estar "siempre". Los dos sabemos que es un adverbio de difícil concepción, pero, en sus sílabas abrazadoras, solo  escuché el acto amoroso de tu reparación. Siempre es la eternidad instantánea que se profundiza, se hace honda, cava un hueco adentro de la tierra para salir del otro lado al sol, siempre es el resguardo verbal en que podemos cobijarnos para poder decir "Nunca (Ja)más".

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