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Mostrando entradas de abril, 2014

Lejanía/

Estar lejos, como si hubiera un solo punto en el que una fuera quien es y todo lo demás fuera situarse a cierta distancia de esa que una es allí y en ningún otro sitio. Alejarse y aspirar otros olores que no son los de la casa en que una se sabe, en que una se siente, en donde respirar pasa desapercibido. Lejos, de pronto, una habla de la respiración como si el aire fuera otro. Y no solo, como si los pulmones fueran otros y hubieran olvidado qué era eso de inhalar/ exhalar. En la distancia es que una se sale, no solo del lugar que la acompaña sino, también, de los gestos continuos que nos acostumbramos a repetir: duermo en una cama que desconoce mi cuerpo, como en un plato que no he lavado con anterioridad, entro en un baño que no guarda ningún recuerdo de mi cuerpo desnudo. Sin embargoy yo: no llego a tanto en estas voces que me habitan, pero soy la más ajena  de mí, la que se ve más lejos, la que se vuelve objeto de sí. Estar lejos: no estar allí que siempre es aquí y los pronombre…

Vuelo

Por la noche, desde arriba, las ciudades son tejidos de luz desparramadas en la negrura. Cada tanto, un farolito se desplaza y una imagina un auto que atraviesa un sendero de faroles a los lados. Entre esos manchones desperdigados pasan ríos y árboles que apenas se vislumbran. Del otro lado del avión, ha comenzado a nacer, completamente naranja, el día.

Un bicicleta viajera

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Cuando la bicicleta se vio olvidada tuvo nostalgia de ser libre y echó andar. Bajó Hipólito Yrigoyen hasta la bruma del Riachuelo, de allí al río del color de la arena donde  se subió al primer barco que pasaba. En su cubierta de madera lustrada cruzó el océano hasta el Puerto de Palos donde la primavera la llenó de perfumes. El paisaje la mareó un poco y se vio desorientada; pero, rápida, probó atravesar España hasta los Pirineos y desde allí, entusiamada, siguió y siguió bajando por la costa marítima hasta pasar el puerto de Marsella y su viejo Panier. Notre-Dame-de-la-Garde y su hijo dorado torcieron un poco sus cuellos al verla andar rauda y alejándose hacia el horizonte por el que sale el sol. Más allá se detuvo en la casa de un jovencito rubio que la encontró en su puerta una mañana al salir a estudiar. La bicicleta lo miró y supo que, de alguna forma, había vuelto a casa; pero no pudo explicar por qué.

Los escritores también se mueren

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Sobre si los escritores son seres humanos de lo más comunes podríamos debatir siglos enteros, porque la afirmación tiene una parte de verdad y otra de error fatal.   La parte en que acordaríamos dice que son personas que duermen, hacen café, se cepillan los dientes, retan al hijo, pagan la cuenta del mercado, aunque esa parte no nos importa a nosotros, sus lectores. Algunos son seres humanos memorables para su familia y  amigos; otros, escorias que ni el perro quisiera tener cerca.  La parte en que no acordaríamos es la verdaderamente importante para sus desconocidos y lectores (porque, al fin y al cabo, un lector no es nunca, ni mucho menos, un desconocido). Un escritor es un ser humano capaz de trabajar con el lenguaje que todos usamos día a día y transformarlo en otra cosa: en un acto de arte. Porque los escritores son sus libros, es decir, lo que ellos fueron capaces de construir con las palabras, lo que pudieron evocar con el lenguaje, la epifanía de un verso, los mundos que se …

La militancia ortográfica

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De un tiempo a esta parte he decidido hacer oídos sordos al reclamo ortográfico de amigos, conocidos y ajenos. Por una parte, pareciera ser que los profesores de lengua somos los únicos responsables de las faltas ortográficas de los alumnos, el receptáculo de cuanta quejan tienen colegas y padres acerca de lo mal que escriben los chicos. Cierta vez, en una reunión de profesores, intenté socializar la responsabilidad y que cada cual se hiciera cargo de la escritura de su área y los mismos que se quejaban se negaron rotundamente a recoger el guante. Por otra parte, los propios docentes de lengua corrigen ortografía como si fuera la única bandera que no arriarán aunque vengan degollando. La didáctica de la escritura es compleja. Aprender a escribir, a partir del Segundo Ciclo, cuando  se supone que los chicos ya están alfabetizados, se transforma en algo "neblinoso" que no ofrece fácilmente la punta de la piola para desenredar de un tirón. Entonces, como la falta ortográfica …

El placer de leer/ Qué hacer en la escuela

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La materia se denomina "Prácticas del lenguaje". Ni Lengua (como la llamamos todos) ni Literatura (como la nombrábamos en los últimos años de la escuela). Y, a decir verdad, su denominación es motivo de controversia tanto como las razones y modos en que se lee en la escuela, por no decir que la escuela toda es motivo de controversia.
Hace tiempo parece haber surgido con fuerza una postura que defiende a rajatabla la lectura por placer en la que el niño debería vincularse con la lectura solo a través del gozo estético que esta pudiera producirle.  En primer lugar, la postura peca -según entiendo- de cierta ingenuidad en tanto naturaliza lo que es una compleja formación cultural: el placer estético.  En segundo lugar, presupone que el placer nace espontáneamente del contacto con la literatura. En tercer lugar, hace abstracción del esfuerzo cognitivo que implica leer. Y finalmente, supone que ese esfuerzo y su consecución no trae aparejado un goce infinito o que ese disfrute …

Tarea de bordado

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Te bordaré mi rostro
con una hebra de hilo sutilísimo.
y en dos o tres pespuntes se me verá la risa volando por la tela.
Después vendrás,
cuando sea la noche,
y con tus hilos azules me darás un paisaje de árboles y ríos.
Yo dormiré con la música de agujas bordadoras
y el viento de la orilla acunándome.
A la mañana,
en el ruedo envainillado de las sábanas,
quedarán los zurcidos de los sueños dormidos.
Tras de los dobladillos diremos dos palabras
y el día se llenará de plumas y de encajes.
Entrarán en ojales los botones de nácar.
Abriremos presillas.
Me prondré mi dedal -ese que tiene un hada- y bordaré la vida hasta la otra mañana.

Una lista

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La ropa que da vueltas.
La cena que se hace.
Los pespuntes que damos en las cosas.
La risa que se llena de palabras.
La sábana que vuela con el viento.
El sol haciendo fondo entre los ojos.
Los vasos de colores y de vidrio.
La casa que se llena de deseos.
Las fotos que tenemos.
Los sueños que nos pueblan.
Lo que se llama amor.
Lo que se llama casa.
Lo que vos sos.
Lo que yo soy.
Lo que nosotros somos juntos.
Una lista, sucesión que nunca se termina y solo crece: eso es/ lo que nunca deja de ser y fructifica.
Lo único que importa al fin del día.

Casaverde

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Tenemos una casa verde: esmeralda, seco, oliva, manzana, limón. En nuestra casa, los libros y la música se encaramaron en las paredes y nos miran pasar, mientras se cuentan canciones y se cantan historias en un parloteo susurrado que desgaja sonidos como si fueran agua. Tenemos una casa verde: a veces espinaca, o eucalipto, o alcaucil, o simplemente escarola. Y las paredes se llenaron de cuadritos que florecen en medio de marejadas de verde turquesa, aguamarina, verde Nilo y en hilo, verde licor de menta al sol. Tenemos una casa verde que, en abril, se ve amarilladamente verde y, en enero, brilla de verde azul. Nosotros vamos subiendo sus caminitos: pasito a paso. Y vemos las huellas de los animales que nos siguen como el dibujo de un verde jungla: enredaderas de patas que trazan flores sobre la tierra, y corazones, y los pájaros que se posan a beber. En el dibujo hay un camino verde y un hombre y una mujer que suben con una manada de animales atrás. Tenemos una casa verde donde el d…

Atravieso abril

Atravieso la madrugada con una enredadera de abriles neblinosos. Las calles son cintas de grisura celeste y parpadean las luces amarillas en las vidrieras perdidas como niños. Hay perfume de violetas entre las hojas que caen en una danza lenta y un remolino con deseo de lluvia que no llega se demora en la acera. Todavía la luna despereza el sueño de sus luces con pespuntes de frío. Atravieso el sueño dormido donde te he dejado entre sábanas tibias. La taza es un aljibe de oscuras aguas dulces. Hay tanto de nocturno en el momento: los niños desvelados del recuerdo envueltos por las madres que tejen sus mantas con esperanza dulce. Atravieso el espacio, esa distancia en que dejo de ser la casa en que vivimos  y me disfrazo de sabia comprensiva. La hora me atormenta y espero un aguacero de pétalos azules, leves sobre mi pelo, leves.