sábado, 5 de abril de 2014

Casaverde

Tenemos una casa verde: esmeralda, seco, oliva, manzana, limón. En nuestra casa, los libros y la música se encaramaron en las paredes y nos miran pasar, mientras se cuentan canciones y se cantan historias en un parloteo susurrado que desgaja sonidos como si fueran agua.
Tenemos una casa verde: a veces espinaca, o eucalipto, o alcaucil, o simplemente escarola. Y las paredes se llenaron de cuadritos que florecen en medio de marejadas de verde turquesa, aguamarina, verde Nilo y en hilo, verde licor de menta al sol.
Tenemos una casa verde que, en abril, se ve amarilladamente verde y, en enero, brilla de verde azul.
Nosotros vamos subiendo sus caminitos: pasito a paso.
Y vemos las huellas de los animales que nos siguen como el dibujo de un verde jungla: enredaderas de patas que trazan flores sobre la tierra, y corazones, y los pájaros que se posan a beber. En el dibujo hay un camino verde y un hombre y una mujer que suben con una manada de animales atrás.
Tenemos una casa verde donde el día reverdece hasta que cae el sol y sube al cielo una luna mientras la gata, en el tejado, la mira con sus inmensos ojos verde neón.

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