sábado, 17 de mayo de 2014

Lo que me salva

Estoy zurciendo palabras en la pantalla con una aguja quebradiza de tiempo.
Y la noche,
que es noche
y oscura
y algo helada,
trae vocablos que se cuelan en las líneas cosidas.
Esta mañana -eran las siete y veinte y aclaraba- la luna colgaba su medalla plateada en un cielo celeste y te dije si veías la luna. Tuve que hacer lugar para que vieras el cielo en mi almohada. Después -algo más tarde- trajimos tu bicicleta y el corazón te bailaba en el borde celeste de los ojos como si te hubieras bebido la luz de aquella luna y se te fuera derramando en pedazos de risa.
Pero antes -entre la luna, la taza de café y tus ojos contentos- leímos un relato de ramas amorosas, de princesas Verbenas y Mirtilos que buscan las raíces en los bosques profundos.
Hace días que pienso que, en los tiempos que corren, solo me salva despertar amparada en tu abrazo: que miremos la luna refulgir en el marco, que yo zurza palabras, que los ojos te bailen con su brillo de cielo.

Ilustración de Nicoletta Ceccoli para "La floresta-raíz-laberinto" de Ítalo Calvino                                                                               


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