sábado, 12 de julio de 2014

La cama de mi madre

Estoy de pie junto a su cama. La he retado porque debe hacer reposo y se levanta. Me habla, como siempre, de mi hermano. Me muerdo los labios y juro que no voy a llorar. Esa tarea de no oír lo que busca lastimarme me permite salir del borde de la cama y mirar el paso arrasador de la vejez, que descarna, que destroza, que parte los lazos y desarticula el discurso.  Desde afuera le pregunto a mi corazón, pero él también se ha ido. Pienso qué sentiré el día que ella, que habla ahora de los hijos de mi hermano, se muera. ¿Será la ausencia capaz de limar el abandono y el dolor? Le prometo qué día volveré y pregunto qué desea que le traiga. Veo cómo mis gestos tienen la eficacia de una enfermera profesional y reconozco la estrategia que me permite resistir.

1 comentario:

Katrina dijo...

Uh que difícil situación... por qué esperar que la muerte alivie en algo el abandono y el dolor? y si en su lugar solo nos hace ver todo lo que callamos y ya nunca podremos decir?

Lindo blog,por cierto
Saludos

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