jueves, 3 de julio de 2014

Turderaville-Olivos: ida y vuelta

Cada mañana,
pasito a paso,
ando un camino:
con niebla, con lluvia, con frío,
con viento, con sol, con nubes,
con las hojas que caen,
con las hojas que crecen,
salgo de casa.
Tres veces bajo y subo.
Tres veces en 46 kilómetros.
Turderaville/ Olivos.
Todos los días.
En casa duermen hasta las hormigas en sus hormigueros.
Y yo me voy,
silbando bajo para no despertar
ni a los humanos,
ni a los felinos,
ni a los perros que sueñan con su sueño canino,
ni a los pájaros que quedan en sus nidos de plumas,
ni a las moscas azules.
En el camino converso con mi sombra por la calle de tierra.
Saludo:
Buenos días, señor chófer
(porque él espera que yo llegue a la esquina)
Y voy,
con mi mochila repleta de cuadernos y libros.
46 kilómetros la ida.
En invierno es de noche,
en verano de día.
Y cuando el sol comienza a deslizarse por el borde del rojo,
hago 46 kilómetros idénticos:
con la misma mochila,
de Olivos a mi casa,
por el mismo camino,
con los mismos transportes,
con los mismos abrigos,
los mismos pajaritos,
las mismas moscas azules.
Solo yo soy distinta:
He vivido. 

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