sábado, 23 de agosto de 2014

Ciento quince infancias recuperadas/ Ahora y siempre

Esos niños. Esos padres. Esa alegría de soñar con un mundo mejor para todos. Ese deseo de hacer, de meter las patas en el barro y construir. Y la furia. El dolor. La sangre derramada, torturada, desaparecida, robada. Trato de salir de mi corazón y pienso -desde afuera, como si me fuera dada esa distancia- en lo que significa arrojar un hombre de un avión, acribillarlo a balazos, y pensar que es posible cambiar la identidad con un simple truco. Pienso en la belleza, en la entrega, en el remover las piedras para hallar los vestigios, no de la muerte sino de la vida que siguió latiendo, aun en las condiciones más adversas. Pienso en los huesos que faltan enterrar y en los niños que aún quedan por hallar. Y a la vez, junto con las lágrimas, anido un orgullo histórico: por las madres, padres, hermanos, tíos, esposas, maridos, abuelas y abuelos que buscaron sin detenerse nunca y por todos los que marchamos año a año con ellas, ahora y en los tiempos democráticos en que la regla era el olvido y la vuelta de la página de la historia. Pienso que a veces nos mandaron a ocupar una diminuta nota al pie (Walsh nos había enseñado qué sucede con esas notas) y, sin embargo, seguimos soñando con una larga mesa en la que estuvieran todos los desaparecidos y los niños robados. Porque la infancia y la juventud habrán sido clandestinas, pero la sonrisa es bien visible. Que el círculo de la ronda se ensanche y nunca termine. Ahora y siempre!
 

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...