viernes, 15 de agosto de 2014

La chica que teje palabras

Tejo palabras de una hebra larga.
Tan larga que podría dar la vuelta al mundo dos veces.
Y sobraría lana,
todavía.
Un punto arriba.
Un punto abajo.
Agujas de tinta en para tejer palabras
con sus puntos de luz
de agua
de árbol verde
de pájaro mojado.
Palabras una fila arriba otra fila abajo.
Santa Clara los puntos.
Arroz.
Palabras elástico que se llenan de viento,
porque si hace frío me pongo mi saco repleto de palabras y cuando me aburro un poco le destejo los puños y lo vuelvo a tejer.
¡Esta chica!, decían mis hermanos, ¿quién la entiende? Desteje para volver a tejer.
De lo que  no se daban cuenta era de que mi ovillo crecía, crecía y ya daba otra vuelta más.
Un día, mi abuela, que tenía una canasta repleta de retacitos de lana, me enseñó a tejer palabras con una sola aguja.
¡Qué bueno!, grité yo. Entonces podía dibujar con la otra, que es como tejer pero sin palabras: solo de puro color.
Y empecé a tejer con una aguja derecha y otra izquierda distintas, pero a la vez.
¡Esta chica no come!, dijo mi madre cuando la polenta se endureció en el plato, ¡Solo quiere tejer!
Dejémosla, dijo mi padre, ya se va a cansar.
¿Cansar?, pensé yo con mis palabras y mis coloritos tejidos como fuego, como agua, como estrellas y cielos, como bichos de vidrio, como hocicos de liebre.
¿Cansar? Y las agujas no se veían: de rápido, de suaves, de agujas que siguen sin parar.
Así ahora, mientras estás leyendo, ya tejí una bufanda y me fui a pasear.

1 comentario:

Poeta745 dijo...

"Entonces podía dibujar con la otra, que es como tejer pero sin palabras: solo de puro color"

Me gustó mucho esa parte. Saludos.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...