viernes, 24 de octubre de 2014

Duelos

Cuando Mariano murió -hace ya cuatro años- la ciudad era otro muerto por velar. Había esquinas por las que no podía volver a pasar porque nos veía -a ambos- como una estampa presa para siempre allí. También hubo veces en que me empeciné en  sentarme sola en la misma mesa del mismo sitio, segura de que iba a aparecer por ahí. Tardé mucho en borrar su número de teléfono, en dejar de hablarles a sus fotos. Solo me atreví a entrar una sola vez al blog que teníamos para nosotros dos y no pude ir más allá de su última entrada seguida por mis escrituras convocando la nada. Hace unos meses pasé por la esquina de la casa y no me atreví a ver a su Jeanne d'Arc. Tardé mucho tiempo en volver a leer y solo lo hice con El paciente inglés, ese texto maravilloso acerca del poder del amor más allá de toda realidad.  Ahí, alguien dice que la muerte es algo que ocurre en tercera persona y cuando él murió - y durante mucho tiempo después- yo seguí usando el "vos".
Mis otras experiencias se juntaban con esta y yo creía que la muerte -que es ese desolado desierto que nos toca transitar a los vivos (que solo eso es morir: siempre es el otro/siempre es nuestro agudo dolor)- yo creía que eso tenía las mismas dimensiones para atravesar: días infinitos de memoria; diálogos que, de alguna forma, hay que concluir; lugares que es necesario resignificar; cicatrices que deben ser suturadas; punzadas agudas que terminarán dulcemente maduras.
Pero esta vez no hay lugares que llenen mi recuerdo o  por los que yo no debería transitar, ni palabras de difícil pronunciación, ni otra persona gramatical que no fuera la tercera.  Observo,  con cautela, que hace tiempo que hablo de mi madre  en absoluta soledad; que, aún viva ella, el mío era un monólogo a la nada, a eso con lo que la muerte, en su irrupción terrible, nos obliga a lidiar. Entonces siento otro tipo de temblor: el de quien se queda esperando que lo que no sucedió -en este caso el amor- se levante del vacío y rescate algunas bellas piezas para empezar a bailar. 

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