viernes, 10 de octubre de 2014

Mon petit frère Pablo

Acabo de hablar con mi hermano, el que vive en Marsella. Ayer, su dulce Anna me dijo palabras francesas llenas de un afecto hecho de su amor a él. Quizás ahora se limpien los cristales donde todos nos mirábamos mirar. Como fuera, las palabras fluyen como peces en el agua azul de la distancia; y la familia es algo que iremos construyendo con estas nuevas piezas, como todo sistema que debe volver a ser. Mi hermano es un corazón que anida en el mío, al que yo quiero y elijo desde el día en que nació y lo nombré con sus cinco letras. Me gusta hablar con él y saber que, en dos meses, distinguiré su cara entre las cientos que pueblen ese aeropuerto de Marseille. Como siempre cuando cortamos, sé cuánto lo extraño y de qué forma mi vida estuvo unida a él. El vacío que siento en estos días se puebla con su risa y es como si mi papá estuviera a mi lado corriéndome el cabello mientras lloro. La vida es un tejido en el que los nudos se disuelven o se ciñen, según lo que podamos hacer. Tengo mucha esperanza de que, ahora, liberada una energía que cortaba mi alma, yo pueda empezar a ser enteramente tierna. Tengo mucha esperanza de que, cuando este 31 de diciembre levante mi copa en Francia, junto a Anna, mis sobrinos y junto a él, una forma de ser que estaba guardada en mí pueda nacer.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...