sábado, 8 de noviembre de 2014

Las familias y los vidrios

Las familias se reúnen a festejar cumpleaños. Comen pasteles, brindan y se desean felices navidades, años nuevos, buenas vidas. Se regalan paquetes con cintas lustrosas o pequeños besos, dulces como la miel. En las noches, las familias se cuentan cuentos o miran fotografías para hallar parecidos y recuerdos mientras beben té. Las familias son espejos, brillantes mediodías de verano junto al mar: esa cena, ese domingo, la lluvia en ese toldo, o esos platos de color azul.
Yo miro detrás de una vidriera a las familias murmurar sus secretos de figurita imposible, veo a las madres que pasan las manos delicadas sobre el cabello de los niños que leen y a los padres que las miran hacer. De este lado del vidrio vivo con mi silencio como un lazo de fuego, y no tengo recuerdos ni parecidos ni un brazo que me acune en la tormenta ni siquiera la memoria de un pastel. De este lado del vidrio yo estoy sola: desnuda y miserable; y no hallo la puerta donde encajar una llave de hierro que alguna vez alguien me dio. De este lado del vidrio yo sé todos los cuentos y me los digo mientras me paso los dedos por los cabellos una y otra vez; pero no es igual. De este lado del vidrio las familias se mueren cuando se ven los ojos y los cadáveres taponan las alcantarillas mientras no deja nunca de llover.

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