miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tejido

Se teje: dos agujas y un hilo.
Y en el medio
los ríos con aguas de milagro, y cinco peces de fría plata  clara, y unos guijarros como si fueran bocas, el cielo en espejo y las copas tan verdes de los árboles ahora.
Un punto.
Y otro.
El hilo sube y baja.
Otro y se escapa.
Volver atrás y retomar el viento que sube en la baranda y me encrespa las piernas, el borde suave de la ropa en el muslo, el perfume perdido, los besos, las mordidas, las risas susurradas.
Y las agujas y el hilo y el tejido que crece, que hay una hilera mala, muy justa, muy floja, ya perdida
Y unos ojos me miran detrás del desayuno, saltan sobre mi falda, huele a café perfecto y a esa calle de barro donde se derramaron brillantes Santa Ritas.
Solo un hilo que baja y sube y baja
Y el sonido metálico que hacen las agujas mientras tejo.
Crujen los tiempos.
Yo hablo de la vida.

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