lunes, 17 de noviembre de 2014

Un viaje/ Día -41

Hay un hotel a cinco cuadras de Acrópolis dorada que me está esperando. Entraré en ese cuarto y veré la ciudad como era hace siglos, envuelta en mirtos y olivos bajo una luz azafranada y pura. Mi corazón aletea de gozo prematuro porque otra vez seré Casandra e Ifigenia, y diré esas palabras que volaron hasta clavarse en los techos de una Atenas perfumada y profunda; porque se llenará mi cuerpo de recuerdos que me fueron prestados en páginas de griego traducidas.  Yo soy siempre la misma y ahora atravieso la puerta de cuerno de los sueños.

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