jueves, 13 de noviembre de 2014

Un viaje/ Día -45

Había pensado en no viajar. Tiempos que no cerraban, piedras que lastimaban, un zapato que, de pronto, era pequeño y apretaba. Pero si no he podido tapar el sol con la mano, qué haría quedándome acá. Además la vida tiene opciones: una lanza una barca al agua, si zozobra hay dos caminos: seguir andando con la confianza de que no naufragará o abandonar la travesía. Yo elijo la primera, con los ojos y el corazón abiertos. Y busco en las tinieblas de la información de qué carecen mis playas y poseen las otras: aguas más turbulentas, cierto poder para hacer doler, un abismo oscurísimo. Pero yo soy esta, la que soy, la que no puedo dejar de ser, la que no desea intercambiarse con ningún otro ser vivo de este planeta.
Y estoy a 45 días de cruzar el océano con una pequeña maleta para abrazar a muchos que me quieren y a los que quiero con la alegría de mi sangre mejor.
He comenzado la cuenta regresiva.
Allá voy.

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