jueves, 11 de diciembre de 2014

Querido hijo

Tejí hace tiempo en mi vientre un nido: con plumas, con dolores, con sueños y te formé en mi corazón durante meses (exactos fueron ocho y un parcito de días). Puse muchas palabras, la madre que no tuve y hubiera deseado que tuvieras, relatos, dibujitos, los libros -como siempre-, la soledad que entonces sostenía. Cuando naciste eras el que yo había soñado y mejor todavía. Yo pude lo que era: me resbalé en la niebla, anduve a tientas (que siendo madre es como andar a ciegas), dije cosas que no eran, cometí atropellos, di puntada sin hilo, quise dar y no pude. Ahora estás aquí, enfrente de mí, y te quiero: como te quise entonces, pero más todavía. Porque ahora nos vemos el alma: y está desnuda, sin ningún artificio. Después de tantos años ya no sirven las vueltas: nos vemos como somos: descarnados, fallados, doloridos, con una historia que quema y compartimos, con un cuerpo que llama, que rechaza, que necesita y grita. Y siempre la palabra que, aunque terrible, repara, acerca, invita. De todas las cosas de mi vida, vuelvo a elegirte siempre porque elijo la vida que tuve para darte y querría ser grande para aún abrigarte, para que pasen las olas que nos hunden, la sangre que nos llama, la pena que nos nombra. Así es lo que nos toca: intransferible y nuestro. Y vamos caminando, juntos, hasta que pase el viento y podemos querernos, vos que vagas por Asia y yo desde mis páginas..  

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...