martes, 30 de diciembre de 2014

Un viaje/ Día 1: Lufthansa

Para mi propia patología era la compañía adecuada: nada fuera de control. Pasaron por el ingreso impecables, uniformados en amarillo y azul y con cada cabello en su predeterminado lugar. Casi con paso de ganso, pero no. A la hora indicada, comenzaron llamando por clase y por fila: 49, 48, 47... Casi un sorteo para el Servicio Militar.
Al ingresar, una pila de diarios en alemán, una almohadita blanca almidonada y una frazada azul con ribetes amarillos de seda. Despegue y aperitivo o como se diga en alemán porque los tipos te hablan en la lengua del Rhin como si fuera lo más natural del plantea. Pero, claro, chabón, ¿ o vos no hablás alemán como todos nosotros? El vuelo salía de Buenos Aires, no era conexión con otro, y sacando a los que, a veinte cuadras se distinguía su germanidad, todo el resto éramos argentos nacidos y criados. Los tipos, igual, te hablan en alemán. Y yo te contesto en español así que, Margaritte, hacete un esfuercito, tan rubia, tan pálida, tan fraulein.
El aperitivo eran unos alcoholes y jugos raros, y unas galletitas saladas con forma de avión. El lado chistoso de los alemanes fue darme unas galletitas de avión en el avión. Muy divertido, che. Yo bebí agua. Sí, Adolf, agua sin gas. A-gua. ¿ Me captás?
Al toque Margaritte me encaja la cena: una ensalada con crema, pollo con arroz y verduras al vapor (media hora de gestos para entender que pollo no era pasta. Po-llo, pas-ta no) y una torta de queso de la que me hubiera mandado cuatro porciones más. Café y apagamos la luz porque el plan dice que ahora me debo dormir. Sí, Adolf, ya me dormí; no vengas más a controlar.
A las 9 (hora alemana); las 5 en Buenos Aires, Margaritte me enjareta un jugo de naranja y al rato una bandeja (hago un esfuerzo por no robarme la vajilla que es un divinor) con una barra de cereales, ensalada de frutas, yogur, pan, galletitas; manteca, queso y dulce para untar; y una fuente de aluminio caliente con dos tortillas de papa, un revuelto de espinacas y castañas y un rostbeaf. Ok, Adolf, me rebelo. Hasta acá llegó mi obediencia. Me como el yogur y las frutas y dejá de mirarme como un SS extemporáneo.
Los tipos dijeron que aterrizaban a las 11: 10 y lo hicieron. Juro que lo hicieron.
Frankfurt está cubierta de nieve.
Avisan que la manga está ocupada y nos vamos a demorar.
Ah, fallaron, no eran tan perfectos. se les corrió un poco el peinado.
Nos demoramos medio minuto exacto. Lo controlé.
Adof y Margaritte me saludan al bajar.

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