Un viaje/ Día -2: las horas previas

Las horas que faltan.
Innecesarias horas y la maleta lista.
Una ciruela roja.
Una taza de té.
Dos minutos menos.
Mejor dormir.
He bebido demasiado café.
Paso la televisión de cabo a rabo.
Horas inevitables.
Siempre faltan horas para llegar al momento en que el avión se suspende en el aire y vuela y nosotros adentro con el tiempo suspendido y unas horas perdidas en la nada que recuperaremos al regresar.
Un teléfono.
La voz y las palabras de los amigos.
El calor y el deseo del frío.
Cuarenta y ocho horas más.
Después volar.
Y esa alquimia en que el tiempo se come la distancia.
Y el avión roza el suelo.
Ya.
Por fin.
Y una taza de té.

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