miércoles, 24 de diciembre de 2014

Un viaje/ Día -5: El periplo

Viajar: salir de sí.
Dejar atrás las tazas conocidas en la mesa, los manteles cuyos zurcidos hemos hecho, los saleros cascados en el borde preciso, las fuentes, los armarios...
Dejar atrás la luz que entra en el cuarto a las 11:37, el doblez de la sábana, la voz que dobla en ángulo de 90, la parra que se cae de madura.
Dejar atrás ir y venir cruzando la ciudad, los libros que no tienen lugar donde guardarse y crecen como plantas en un bosque lluvioso.
Dejar atrás la circunstancia en que nadamos como peces, la lengua que nos hace decir lo que anida en el alma y sale, los sabores del agua.
Ir hacia otros colores, diferentes aromas, ignotas tierras, desconocidos mares.
Ir hacia días helados para buscar la huella de quién fueron los nuestros.
Ir hacia niños que aguardan los abrazos porque saben a patria.
Ir hacia ciudades de nombres luminosos: Frankfurt, Marsella, París, Atenas, Carcassone, Nice, Barcelona, Burgos, Santiago, Lisboa, Sintra, Madrid; y en cada parada esperar otro viento, otro recuerdo que quiera construirse, otras palabras.
Viajar: un periplo de días en que se sale solo para volver a hacerse y regresar distinta: más rica de imágenes, de aire, de lenguajes.
Viajar: un dibujo de fuego labrado sobre un mapa.

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