Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2015

La lectura: linealidad e hipertexto

Parece ser que, desde que se inventaron el ebook, el ipad, las tablets y todos los dispositivos que se nos ocurran, la lectura dejó de ser lineal y mutó a una modalidad hipertextual; entendiendo por esto dejar la línea y saltar por medio de enlaces a otro texto y de ese a otro y otro y otro ad infinitum.
Parece ser. Pero si alguien se atreve  a hacer de semejante parecer un juicio de hecho le recomendaría que fuera a cualquier biblioteca y consultara ese monumento pretecnológico a la hipertextualidad titulado SZ. Pero sin caer en excesos solo posibles en ese lector irrepetible llamado Roland Barthes, toda lectura, en el soporte que fuere, es, básicamente hipertextual.
El que lee -en papel o en pantalla- sigue una línea porque, como bien lo dijeron los primeros lingüistas, el signo lingüístico es lineal y no puede, por más que lo intente, dejar de serlo. Pero esa línea es puerta para todo tipo de conexiones porque de eso -y de ninguna otra cosa- se trata leer: de asociar la palabra esc…

Abril de 1976

Trato de recordar cómo fue abril de 1976. La memoria ha borrado los datos accesorios y se ha quedado, descarnada, sin escenario y con el hueso roído de intentarlo. Sé, sin embargo, con exactitud las dos palabras que pronunció mi padre: "Levantate" y "Vamos". Lo sé porque abrieron un tajo que sangró a borbotones, como siempre se sangra cuando se tienen dieciséis años. Después la historia se hizo pueblo: cuatro manzanas perdidas en la nada, una familia extraña que hacía huevos fritos y los amontonaba, infinitos, en una fuente para llevar a la mesa, un cura que venía los domingos, un cine donde daban películas los viernes, un único teléfono en la única comisaría y la soledad más oscura del mundo. "Levantate" y "Vamos" y ninguna respuesta. No las había entonces. Se trataba de salvar la existencia. Y no puedo saber si ese día llovía, de qué forma lograron dejarme aquella noche en una casa silenciosa en Bragado, cómo llegó Elaine -gorda tía lejana de…

Ida y vuelta

Me deshizo la hora arrancada del tiempo y lanzada al aire.
Después se colgó con sus garras en mis vértebras e intentó separarlas como si fuesen agua. Yo la dejé hacer. Ya nada me importaba. Había olvidado lo que quería de mi vida y empecé a beber té negro como si las hebras pudieran revelarme algún destino. Sentada en la vereda no hice más que dejarme llorar como una forma -otra- de empezar a morir. En los andenes, los pájaros se sorprendieron de verme emprender una marcha hacia el norte. ¿Adónde vas?, preguntaban sus trinos desacompasados mientras los trenes salían en busca de su perfección. Quiero escribir de amor, les dije con la cabeza oculta entre las plumas de sus alas, pero tengo la espalda como una piedra a punto de dar a luz un monstruo que me muerde. Inútil que los pájaros comprendan: en el aire, las cosas son más simples/ solo se trata de volar. Un golpe de fuego me cortó la cabeza, pero no pude sangrar porque tenía las arterias repletas de palabras. Me fui despalabrando,  …

Identidad

Soy un pozo ciego.
Adentro nadan unas alimañas a las que mi desidia les permitió sobrevivir.
Nada puedo contra ellas.
Solo me resta esperar.
Mientras tanto respiro.
Eso me sale bien.

El cuerpo

El cuerpo es una carga. Golpeo mi tobillo contra la pata de la mesa y el alma me duele cinco días. Casi no puedo caminar,  encerrada en el laberinto de mi tristeza visceral. ¿ Qué momento de la muerte de mi madre me sacude los ventrículos como sopapos y me da esta pena que antes no lloré? ¿En cuál de los  riñones se me quedaron las horas con mi hijo? ¿Dónde estoy yo en mi cuerpo que no alcanza a pesar y se asusta de las muertes que fueron y la única que ne estará esperando con toda su verdad? El cuerpo es una carga: pasan los años con sus cuentas en rojo como domingos  perdidos para siempre. Debería comenzar a llover sobre todos los  huecos que nunca jamás se llenarán.

Los llevaron por la coca y el choripán

En un rincón sus ojos hacen lagos.
A duras penas le han dejado espacio bajo el sol.
Escucha las palabras como zarpas : le dicen negra, de mierda,  te llevaron por la coca, te pagaron, te subieron, te pensaron/vos no sabés, nunca pudiste/ nunca decís/ otros hablan por vos/ bajá la cabeza, cabecita, choriplanera/ fue con mi plata, la que yo guardo, la que atesoro, la que te robo, la que no te pago: a vos.
El sudor la golpea, la enerva, la ilumina.
Del olvido le crecen mariposas, halcones, arañas putrefactas de la rabia y camina: ciega en su ira empecinada, en su conciencia de bestia dolorida, en su deseo abierto de cambiar.
Sí, piensa, me subieron al micro. Los compañeros me iban empujando porque se hacía tarde y su confianza me alzó para subirme. Mi viejo ferroviario muerto de pena en los 90 me subió. Mis pibes con zapatillas nuevas que no tuve me subieron. El duelo de mi vieja muerta de triste con la imagen de  Eva en el bolsillo me subió. Claro que me subieron. Porque tengo cabeza, s…