martes, 24 de marzo de 2015

Abril de 1976

Trato de recordar cómo fue abril de 1976. La memoria ha borrado los datos accesorios y se ha quedado, descarnada, sin escenario y con el hueso roído de intentarlo. Sé, sin embargo, con exactitud las dos palabras que pronunció mi padre: "Levantate" y "Vamos". Lo sé porque abrieron un tajo que sangró a borbotones, como siempre se sangra cuando se tienen dieciséis años. Después la historia se hizo pueblo: cuatro manzanas perdidas en la nada, una familia extraña que hacía huevos fritos y los amontonaba, infinitos, en una fuente para llevar a la mesa, un cura que venía los domingos, un cine donde daban películas los viernes, un único teléfono en la única comisaría y la soledad más oscura del mundo. "Levantate" y "Vamos" y ninguna respuesta. No las había entonces. Se trataba de salvar la existencia. Y no puedo saber si ese día llovía, de qué forma lograron dejarme aquella noche en una casa silenciosa en Bragado, cómo llegó Elaine -gorda tía lejana de pecho generoso- a buscarme y cargarme en un auto mientras, seguramente, yo lloraba, como suelo hacerlo, sin gestos ampulosos, con lágrimas rodando. Allí, en esa casa, que tenía un largo gallinero, un par de ovejas y una chacra donde había unos niños de cabellos pajizos, yo armé mi coraza. Quise decir que nunca, que jamás, y cada noche me dormía penando, un par de horas, después de no comer. Un médico de pueblo me dio unas vitaminas y me habló de la pena. Pobre tipo, si yo tenía, a esa altura, una summa cum laude en tristezas variadas, en preguntas vacías, en palabras podridas. Y solo contaba dieciséis primaveras. Era en abril, 76 entonces. No sé si esa noche hizo frío. ¿Llovería de golpe? ¿Cómo olería el aire? ¿Qué pensé de tu ausencia? ¿Me di cuenta de todo? La memoria se reconstruye con fragmentos prestados, se cosen los retazos con el tiempo, se llenan los espacios con voces que nos prestan. Yo me quedé en silencio, sin escenario, urgida por vivir mi adolescencia que no era, que no podría ser, que había sido robada. Me quedé con un hueco en el alma y el tiempo fue pasando, vórtice de dolores. Y acá seguimos estando, por las dudas, por si algún día, vuelvo a tener los años y la lluvia me moja mientras corro a tu casa a llevarte conmigo a aquel pueblo perdido y nos salvamos juntos y entonces hace frío, pero no nos importa porque habremos vencido esa vez a los muertos. 

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