viernes, 20 de marzo de 2015

Ida y vuelta

Me deshizo la hora arrancada del tiempo y lanzada al aire.
Después se colgó con sus garras en mis vértebras e intentó separarlas como si fuesen agua.
Yo la dejé hacer.
Ya nada me importaba.
Había olvidado lo que quería de mi vida
y empecé a beber té negro como si las hebras pudieran revelarme algún destino.
Sentada en la vereda no hice más que dejarme llorar como una forma -otra- de empezar a morir.
En los andenes, los pájaros se sorprendieron de verme emprender una marcha hacia el norte.
¿Adónde vas?, preguntaban sus trinos desacompasados mientras los trenes salían en busca de su perfección.
Quiero escribir de amor, les dije con la cabeza oculta entre las plumas de sus alas, pero tengo la espalda como una piedra a punto de dar a luz un monstruo que me muerde.
Inútil que los pájaros comprendan: en el aire, las cosas son más simples/ solo se trata de volar.
Un golpe de fuego me cortó la cabeza, pero no pude sangrar porque tenía las arterias repletas de palabras.
Me fui despalabrando, 
suave,
pausada,
hasta quedar vacía 
como un cántaro hueco,
como un nido a la espera,
como un reloj andando,
como una mano que ahueca, 
así.
En el andén de enfrente vi cómo yo misma partía hacia el silencio, 
envuelta en los trapos de la pena.
Y regresé a casa: era la hora de volver a vivir.
Estabas trabajando.
Te abracé.
En la cocina volvía a levar la mañana y te escuché soñar. 


No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...